martes, 3 de noviembre de 2009

Juan Carlos Recio: Poemas

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Tres poemas (inéditos) de Juan Carlos Recio
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Fragmento de las tentaciones
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Todos los hombres tienen un laud y unos sueños.
Pero, yo, con la historia de mi país a cuestas, tropiezo.
Sigo lleno de polvo, desgreñado por todos los caminos.

------Abú Salma
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En mi país siempre se tiene un hijo preso
que no sabe vivir donde lo instalaron.
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Alquilamos a la familia como a una guerra
y a todos los sueños por vender
las casas que jamás crecieron.
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Los sueños son una pedrada y pueden dividirnos
los deseos locos de viajar a la semilla.
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Imaginamos que somos un país,
un lucero en el polvo de una sola cabeza.
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Y el cristianismo es para la intimidad,
el ver pasar la bandada temerosa de los animales que al atardecer
dialogan con los veteranos de la ciénaga;
así de quietos pasan los días
y las tentaciones divididas según sus colores.
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Se juega al tren que parte,
sacamos la lengua de la baraja
y en cada coche se puede viajar con un espíritu.
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!Maten los pájaros que se incendian!
¿Por qué vuelan al crepúsculo, si él no los mira?
los pájaros vuelan por la música que ostentan,
solo el cazador los bendice,
los pájaros que pasan por mi país y por el crepúsculo
son las vitrolas de un bar
y la exquisita cerveza de los dolientes.
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En mi país soy la penumbra,
y al próximo hechicero le pido su boleto.
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Varado estoy,
entre alfonsinas de cuarzo,
y en fiestas que se beben sus sombras públicas.
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Varado, indispuesto por las limitaciones y otras penas,
soñando en buscar la fórmula de no ser el próximo;
nadie sabe a dónde navegaría con su correo.
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Sacamos la lengua de la baraja
y cada apostador hace de su canoa una mudanza.
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En mi país siempre se tiene un hijo preso;
escuchamos el número en la radio,
a lo lejos canta un reo.
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Los troncos flotan en los techos del atardecer.
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-------------El cisne
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Para Alexis Castañeda
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Canto porque voy a morir
y adivino si el cisne también lo hace;
hambre y frío,
calumnio la suerte si ha llegado
la adicción oscura de mi palpitar
y los presagios de quien siempre estará ausente.
la ceremonia del cisne no me conmueve,
ni su terquedad para incendiarse;
bebe en la cuenca de mi mano
y me canta, sois del divino Apolo, la maestranza,
muerte y sofisma, el entender los goces,
el mudar los atuendos del paria.
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Somos de Apolo, como Sócrates de su estirpe,
en esa ensoñación noctámbula de copiarlo;
exacto, la vivencial historia del hombre y su cisne,
la enarbolada y presunta canción.
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Solo canto
por esa rara costumbre de ir a Sócrates
y buscar el cisne. Mi salvación.
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El hambre y el frío todavía no me corrompen;
Pero ya el cisne no me canta y temo perder su voz.
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------------Sin puentes
-----------(Elegía a Fayad Jamís)
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Fayad,
mi alma también es una bahía
donde siempre hay alguien que se va;
pero yo necesito un padre ciego
y una gran fortuna para curarle la herida.
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Necesito ser un Crusoe,
tener una casa en el campo
y un leopardo herido que se muera de angustia y de vejez,
y que pasen los años de estar solo,
que toda el agua del estanque
se llene de manjares,
para poder gritar y no morir de hambre;
un árbol copioso donde pueda escribir mis memorias.
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Mi corazón y mis huesos se pudren como una galleta de sal;
ya no canto ni miro las columnas de los edificios antiguos,
ni siempre recuerdo que a veces
la belleza se arrastra por las calles de París,
ni veo pueda ser un honorable mendigo
para regalarle a mi alma una espiga de algodón,
y hacerla sonar como si flotara en su espuma.
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Mi pecho es una alondra ciega,
y en él ni la lluvia ni los días se enaltecen.
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Dando tumbos como un náufrago me enternezco,
mi fortuna es una espiga,
y por las noches siempre viene el sueño que la corta.
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Oh, si yo pudiera viajar
para comprarle a mi alma un estanque de peces,
si yo pudiera robar a la luna sus amantes de cristal
para encerrar el olvido y la mala fortuna;
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oh, Fayad,
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viejo lobo del Saint Germain,
si pudiera tener un corazón como quien tiene una lámpara
para enseñarle a mi alma
dónde están escondidos la bahía y el árbol,
antes que lleguen los devorados en el fuego,
y mi espíritu sólo sea
un espantapájaros de nieve en el aire del mercado.
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Juan Carlos Recio: Cuba, 1968. Tiene publicado El buscaluz colgado, premio de la ciudad de Santa Clara 1990. Ha obtenido primera mención en el Julián del Casal de la UNEAC en 1991, con su libro inédito Hay un hombre en la cruz. Vive en New York desde el año 2000.
Tiene su blog, Aquí.

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4 comentarios:

  1. Manuel Vázquez Portal3 de noviembre de 2009, 8:56

    Bueno poemas, Juan Carlos. Los difruté. Y a tí Chago te agradezco por el Blog. Hoy por la mañana comentaba, por teléfono, con Heriberto Hernández que Efory Atocha es un sitio digno, elegante y nutricio. Manténlo, hermano. Sé que es difícil pero con tesón y una pizca de sueño se logra, como lo has hecho.

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  2. No conocia a Juan Carlos, me gustan mucho sus poemas. Gracias Chago.

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  3. Soy yo el agradecido, amigo Manuel: la verdad es que es un lujo contar con tantos, y tan buenos colaboradores.

    Muchas gracias por las visitas y comentarios.

    Juan Carlos es un poeta amigo de muchos años, de Camajuaní, pueblo de poetas. Tres por lo menos que yo recuerde bien: Joaquín Cabeza de León, que es también un hombre muy valiente, HHernández, y el propio JCRecio.

    Había otro que se llamaba Orelvys, algo así, pero le perdí la pista. Y el malogrado Pardo, en gloria esté.

    Gracias a ti, Margarita.

    Chago

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  4. Chago, gracias por los poemas, agradezco las ipiniones de Manuel y chiquita cubana, y creo que Orelvis a un vive por el pueblo, no sé si publica, de Joaquin Cabezas quisiera conseguir poemas de él y compartirlos, con Heriberto que son grandes amigos y contigo, por supuesto. Es verdad que Efory Atocha, se necesita, porque como dijo Borges: Esta penumbra es lenta y no duele;
    fluye por un manso declive
    y se parece a la eternidad,
    gracias.

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