viernes, 8 de octubre de 2010

"Barbería barata" Un Cuento de Ariel León

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------"Barbería barata"
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Un Cuento (inédito) de Ariel León
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En cuanto llego a la barbería, sonrisa y gesto breve de bienvenida de por medio, la china empuña el peine con la mano derecha y me indica, con la otra, el sillón. Dos segundos después comienza el desbrozo, con esa agilidad terriblemente china de la chinita. Los padres vinieron hace dos generaciones, dice, no sabe hablar chino. Pero sabe acabar con la tijera, dice mi madre quince minutos después, cuando llego a casa

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- no deberías dejarte hacer eso; mírate la cabeza

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Hay algo imparable en esa manera de desbrozar sin pausa, pienso cuando estoy frente al espejo de la barbería. Miro la chinita atacando el cabello a golpe de sonrisitas seguidas por tijeretazos y me digo; debe ser algo antiguo, venir de lejos. Luego llega el momento que mi madre, si estuviese allí, detestaría; saca de la gaveta la máquina eléctrica, oscura y discreta, muy moderna. He observado sin apuro su conducta cuando tiene ese artilugio en la mano. No para, completamente hipnotizada por el sonido ligero que emiten esos artefactos recientes

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- Uno de estos días voy a acusarla, dice mi mujer

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La chinita no se detiene, la perturbación que ha dejado la tijera en el cabello desaparece con ese animal plástico que vibra en la manita oriental. Solo tienes que obligarla a que no siga, piensa mi padre

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- pedirle que se detenga, dice, levantarte del sillón y marcharte de la barbería

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No regresar allí jamás, me advierte después. En efecto, veo en el espejo la máquina ingeniosa entre los cinco deditos amarillos, un bólido minúsculo que va podando sin temor hasta alcanzar un punto máximo donde no hay retorno. Debe tratarse de algo que ha llegado hasta nosotros por el hilo invisible, me digo, de una tradición remota como la suya. Bajo esa masacre peluquera que va dejando liso lo que encuentra parece asomar, a veces, un candor eterno lleno de gestos contenidos

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- Pagar por eso es una estafa, me dice mi hermana

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Esa convicción serena la veo en el espejo de la barbería, en esa carita redonda de china que, habitual del lugar como soy puedo ya reconocerlo, apenas entra en acción va nivelándolo todo con la máquina imparable hasta alcanzar la cima de un desajuste parejo. Sólo entonces, con una cabeza despejada a raso que ya no ofrece ninguna resistencia a la cuchilla voluntariosa de la tal vez originaria de Pekín, todo vuelve a calmarse, y el sitio entero regresa a un silencio mortal que solo deja con vida la voz de la china bajita en el espejo

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- Ya está bien, espero que le guste


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Otras colaboraciones de ALeón en Efory Atocha, Aquí.
Imagen tomada de la Web.
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