miércoles, 21 de octubre de 2009

José Antonio Parra: Bifurcaciones de la realidad

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Bifurcaciones de la realidad
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-Por José Antonio Parra
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El primer planteamiento que viene a mi mente cuando se trata de enfocar el asunto de la ficción, en términos generales, tiene que ver con la realidad.¿Cuál es el campo de lo real y cómo se expresa el mismo dentro del campo literario? Las subjetividades a la hora de abordar esto son riesgosas, por ello preferiré mantener mi apego a la teoría, en dos vertientes; por un lado la física, a la hora de abordar la naturaleza de lo real y por otro; lo literario, al momento de analizar cómo es descrito aquel a través de éste. En la medida que hagamos este recorrido iremos viendo algunos aspectos importantes de Las estrellas en la roca y como este mundo ficcional es construido y se expresa en tanto hecho estético. Igualmente serán objeto de análisis 2001. Una odisea del espacio, desde su perspectiva de los mundos posibles y el caso de Donald Cammell su película Performance y su extraño suicidio.
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De lo plano al multiverso
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Las nociones que hemos tenido de lo real han cambiado con el transcurrir de la historia, no es lo mismo la concepción plana de la tierra a la concepción esférica y luego pasar de una perspectiva geocéntrica a la que conocemos ahora, esto es heliocéntrica. En el año 1957, se produjo, quizá de manera un poco silenciosa, una vuelta de tuerca muy radical en las modalidades que teníamos de concebir la realidad cuando Hugh Everett lanzó su teoría de los muchos mundos. Esta teoría se basaba en la comprobación matemática del hecho de que no existe un universo, sino más bien una infinidad de universos que coexisten con éste que conocemos. Estos universos paralelos estarían conformando lo que se conoce como multiverso. Para verlo con más claridad y de una manera simple, sabemos que está esta realidad, pero simultáneamente existe otra en la que algunos elementos han variado, una en la que alguno de nosotros no está presente e incluso una en la que ninguno de nosotros existe. La teoría de los muchos mundos tuvo su comprobación experimental mediante la siguiente experiencia: se tomaron dos placas que se colocaron paralelas, a una de ellas se le hizo una pequeña abertura que permitiera el paso de un fotón a la vez y a continuación se comenzaron a disparar fotones a través de la misma. Lo esperable hubiera sido que sólo apareciera la marca de los fotones en un lugar, no obstante aparecieron marcas en diversos puntos de la pantalla; evidencia de que estas partículas de luz provenían de universos en coexistencia con el nuestro. La teoría de los muchos mundos es bastante aceptada en la comunidad científica actualmente incluyendo entre sus principales seguidores a Stephen Hawkins.
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Como dato curioso, las teorías de Everett no fueron bien recibidas en su momento; dada esta circunstancia, el científico se retiró y llevó a cabo una exitosa carrera como asesor en la construcción de cabezas nucleares para misiles.
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Los muchos mundos y los mundos posibles
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La razón por la que me detuve en este punto es obvia, a través de él encuentro un pasadizo franco a la teoría de los mundos posibles, pero sustentándome, no exclusivamente en hechos de tipo filosófico trascendental como los postulados de Leibniz, sino en un hecho meramente físico. Apenas ahora empezamos a descubrir que lo real tiene una conformación mucho más afín con los mundos posibles.
De acuerdo a Dolezel, los mundos posibles pueden ser categorizados según tres modalidades; en primer lugar, en tanto un conjunto de estados posibles, en este contexto, tal y como nos refiere la teoría de los muchos mundos, estamos considerando todas las posibilidades de ocurriencia que han tomado lugar desde el momento en que se produjo el big bang y el universo comenzó a separarse en las diferentes alternativas posibles. En segundo lugar, el conjunto de mundos ficcionales es variado e ilimitado al máximo; tal y como se deriva de la primera categoría y de mi introducción, las variaciones que se dan de un mundo posible a otro van desde pequeños detalles hasta diferencias radicales, como por ejemplo el hecho de que en uno de estos universos se produjo el armagedón a raíz de la crisis de los misiles en 1963. Finalmente, la tercera categoría se refiere a que los mundos posibles son accesibles desde el mundo de “lo real”. En este punto tenemos que considerar dos cosas que sustenta la teoría, en primer término, en la teoría de los muchos mundos, cuando se bifurca un universo en sus dos alternativas subsiguientes, éste se interrelaciona con los dos mundos que se generan de acuerdo a lo que se conoce como split; en nuestro ejemplo anterior, el mundo antes de la crisis de los misiles accede a dos nuevos mundos, uno en el que se produjo la conflagración y, otro, éste que conocemos. En segundo término, una manera de acceder a estos mundos posibles se da de acuerdo a canales semióticos. Estos mundos, al igual que lo que ocurría en el experimento de los fotones, dejan rastros en los otros pero ahora en el orden simbólico. Para sintetizar quiero citar a Dolezel, quien establece de forma clara el puente que he pretendido establecer entre la teoría de los muchos mundos y la de los mundos posibles, ahora con el foco en la ficción literaria:
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Los mundos ficcionales de la literatura tienen un carácter específico por estar incorporados en textos y por funcionar como artefactos culturales. Una teoría englobadora de las ficciones literarias surge de la fusión de las semántica de los mundos posibles con la teoría del texto1
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La visión magnánima de Bowman en 2001. Una Odisea del espacio
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Vayamos ahora a 2001. Una Odisea del espacio; en este texto Arthur C. Clarke, describe la experiencia de Bowman, un astronauta que inicia un viaje espacial para analizar la aparición de un extraño monolito en el espacio. Aquí vemos cómo se genera un mundo posible perfectamente consistente; en primer término, hay identidad de propiedades, y de inventario, hay compatibilidad física, analítica y lógica con nuestro mundo real de modo que el acceso a este mundo real textual queda plenamente garantizado. Hoy día un viaje al espacio es perfectamente posible al igual que la aparición de un objeto misterioso en el espacio exterior tampoco rompe ninguna de estas normas.
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Lo único que verificamos en el caso de la ciencia-ficción es la ruptura de la compatibilidad cronológica, con la intención de presentar un mundo posible en tanto futuribles dados por la evolución tecnológica. El mundo que presenta Clarke, desde la perspectiva del año 2004 ya no es uno que se anticipa a los cambios tecnológicos, por el contrario resulta retrospectivo, sin embargo lo que ocurrió en el mundo real fue que llegamos con sondas a Marte y que el Columbia estalló, que existe la Internet y todas las plagas asociadas a ella. En el mundo real textual por el contrario, está Bowman y su odisea por escapar de las garras de Hal.
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Durante su periplo Bowman debe enfrentarse con Hal, una computadora que de algún modo se desquicia y comienza a destruir a los astronautas que junto a él estaban en hibernación durante el largo viaje. En este punto los límites entre el mundo textual que plantea Clarke y lo que vivimos hoy día se hace tenue, en efecto, ya somos victimas de plagas tecnológicas, el caso de los virus por Internet es prueba patente de ello.
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La ficción verdadera explota los huecos informativos de nuestro conocimiento de la realidad rellenándolos con los hechos creíbles, aunque no comprobados... El mundo textual es accesible epistémicamente desde el mundo real en tanto en cuanto todo lo que conocemos de la realidad puede integrarse a ella2
Ya Mary Shelley planteaba la tecnología contra el hombre cuando el doctor Frankenstein crea una suerte de bodrio tecnológico que se vuelve una amenaza; los referentes que tenía entonces Shelley eran la sociedad de la era industrial, de modo que el acceso al mundo posible de Frankenstein se da a través de las marcas propias de esta era; un doctor Frankenstein que realiza la construcción del monstruo con medios muy similares a los propios del período, esto es, descargas eléctricas sobre un engendro hecho a base de diversos cuerpos humanos muertos.
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Cuando Clarke escribe 2001. Una odisea del espacio los referentes son los propios de la era tecnológica y de las teorías Everett; no olvidemos que unos años antes había salido a la luz la teoría de los muchos mundos. De modo pues que en este caso es la máquina misma, la computadora la que enloquece y se vuelve contra su creador.
Aquí se superponen varias tramas; por un lado está la confrontación del hombre con la tecnología, cómo ésta es adquirida desde la primera escena en que el monolito confiere el poder de la inteligencia a un grupo de trogloditas que descubren el uso de las armas para imponerse sobre las otras tribus y el resto de los seres vivos en general. Esta tecnología, adquirida en tiempos remotos se vuelve eventualmente contra el individuo, tal y como se ve en términos de la lucha entre Hal y Bowman.
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Por otro lado está una trama, de gran contenido poético en la que Bowman rebasa las barreras de su propio universo y va a otros planos, esto es mundos alternativos, tal y como son concebidos en la teoría de Everett. Hacia el final de la novela vemos como Bowman comienza a proyectar la realidad hasta hacerse él mismo generador del todo:
Ante él, cómo esplendente juguete que ningún hijo de las estrellas podría resistir, flotaba el planeta Tierra con todos sus pueblos.
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Él había vuelto a tiempo. Allá abajo, en aquel atestado Globo, estarían fulgurando las señales de alarma través de las pantallas de radar, los grandes telescopio de rastreo estarían escudriñando los cielos... y estaría finalizando la historia, tal como los hombres la conocían.3
En la lectura que hace Kubrick, no obstante, Bowman no termina siendo el amo del mundo, en este sentido magnánimo de las cosas sino más bien en un sentido contemplativo, en efecto Bowman, observa simultáneamente varios estadios de su vida en una suerte de visión estereoscópica, sólo que en este caso, estaríamos hablando de superposición de muchos universo en un solo plano espacio temporal.
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Aquí, y tomando en consideración la heterogeneidad de los mundos posibles presentados por el autor, vemos como en todos hay marcas comunes que facilitan el acceso desde el mundo real, de igual modo y a pesar de que para la estructuración física de dichos mundos el autor haya echado mano de teorías poco ortodoxas; vemos como los universos ficcionales se sostienen sin ningún problema. De nuevo aquí, al igual que en Las estrellas en la roca el autor utiliza la tercera persona de modo de producir ese efecto de abstracción temporal respecto del mundo real. La representación en este caso se hace consistente con sus significados y el tiempo, a pesar de estar conformado por un pasado, presente y futuro simultáneo, se vuelve representación pura en pleno acontecer.
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Los mil senderos de Donald Cammell
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Los mundos posibles se vuelven una experiencia más vertiginosa cuando vemos el caso del director Donald Cammell y su película Performance (1970). Esta película protagonizada por Michael Fox y Mick Jagger muestra la superposición de dos planos, por un lado la vida de Turner, una suerte de estrella Pop arruinada quien recibe en su mansión a Chas (Michael Fox), un matón que había trasgredido las reglas de la mafia londinense y debe pasar un tiempo fuera de circulación. La superposición de estas realidades forma parte de la típica multitrama simétrica donde mundos opuestos se enfrentan hasta que finalmente Chas, no pudiendo aceptar nuevos niveles de realidad mata a Turner, quien tranquilamente acepta su muerte. La escena es realmente estrepitosa por el hecho de que la toma se realiza en una subjetiva de la bala que entra en las entrañas de Turner hasta que al final, la película concluye con un flash de la imagen de Borges. Es de hacer notar que Borges no había tenido ninguna participación referencial en la película hasta ese instante. El espectador queda como en suspenso y uno se pregunta, si acaso lo pudo notar, qué hace una imagen de Borges rematando tal escena.
La vida de Donald Cammell, no fue precisamente un paraíso de rosas, en efecto, este director nacido en 1934, culmina sus días en 1996 con un suicidio. Cuando un amigo lo encuentra en su casa en las afueras de Los Ángeles agonizando, lo último que pregunta Cammel es si vio la cara de Borges al final de Performance.
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Cuando nos vamos al referente Borges, podemos notar que la teoría de los mundos posibles se ajusta de manera explícita a su modalidad narrativa, Borges se regodea en ello. Esto se ve con claridad en El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), y cómo esta suerte de realidad que se proyecta en infinitud de realidades da lugar al mundo que conocemos aquí y ahora.
De esta manera vemos como Borges, en tanto signo establece una apertura a partir de la cual queda abierto el camino para nuevas secuencias de realidad, que saltando de la ficción al mundo real llevarán al momento clímax en el que muere Cammel y cómo éste en un último aliento hace referencia al signo que había quedado expuesto, de manera casi enigmática en su película.
Al ver esta secuencia de hechos, notamos cómo un mundo posible que había sido representado en el mundo real, esto es Performance, posee un canal semiótico que va desde el universo ficcional propio de esta pieza hasta el mundo real de Cammel; nuestro mundo real. De modo que las relaciones que establecen los canales semióticos no van sólo en un sentido, desde el mundo de lo real a los diversos mundos posibles, sino también desde un mundo posible al mundo real. De esta manera y, por analogía, un mundo y otro tienen estas interconexiones, que desde el punto de vista físico se dan con el flujo de fotones de un universo a otro.
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Al ver estos hechos notamos cómo su propia descripción asume de manera paradójica la plenitud de muchos mundos posibles en un sólo marco de referencia textual; varias posibilidades en la experiencia vital de Cammel quedan explicitas en diversos mundos posibles que se condensan en uno solo, tal y como plantea Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan:
En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pen, opta –simultáneamente- por todas. Crea así diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan4
La imagen de Borges, en el ejemplo que acabo de citar se vuelve paradigma mismo de la bifurcación de realidades, una suerte de camino que en este caso llevó al director Cammel al momento crucial de su vida; su suicidio.
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Leibniz o la creación más perfecta de Dios
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Leibniz concibe la realidad constituida por partículas indivisibles y que no se comunican entre ellas a las que llamó mónadas. Ellas, sin embargo, pueden comunicarse con Dios pero establecen una suerte de umbral mínimo a partir del cual se puede ver la realidad. No obstante, en medio de todas las apariciones posibles de lo real, Dios, de acuerdo a Leibniz, ha elegido su creación más perfecta. Aquí no se trata de aquella en la que predomine el bien sobre el mal o, simplemente el mal moral o físico no existan, sino por el contrario una ocurrencia posible de realidad de acuerdo a una armonía preexistente.
Aquí establece Leibniz la diferencia entre lo composible y lo imposible; entendiéndose por imposible ocurrencia tales como un círculo cuadrado, que abiertamente, tal y como plantea Dolezel rompen la normativa física de un mundo en particular. En el caso de lo composible podemos echar mano de criaturas fantásticas, que ciertamente podrían existir sin romper ningún orden físico pero que se dan, al menos en este mundo desde el cual hablamos, en un plano imaginario.
Leibniz sostiene que en la partícula más pequeña se encuentra el reflejo del universo entero; según la cual las monadas estarían funcionando como suerte de imagen fractal de aquel. En 2001: Una odisea del espacio, el monolito con el que se topa Bowman estaría funcionando, si bien no como una partícula mínima, sí como una en la que se refleja el universo todo, de hecho lo contiene y no sólo a un universo, sino al multiverso mismo. Vemos así cómo esta configuración fractal del universo encaja perfectamente con los postulados de Leibniz y cómo a través de las monadas, que sólo tienen comunicación con Dios es por donde escapa Bowman al final del viaje, para descubrir entonces que el mismo era la singularidad Dios.
Sostiene Julián Marías en relación con Leibniz lo siguiente:
Es una idea capital en Leibniz porque en las mónadas personales hay libertad y hay conocimiento. Cada una de las mónadas conoce en principio -aunque sea de una manera parcial, incompleta- el proceso entero del universo. Y es libre, tiene espontaneidad. Todo en sí misma: las mónadas son cerradas, no pueden percibir nada de fuera, no tienen partes, no tienen ventanas, en definitiva lo que hacen, las acciones de cada mónada son el despliegue de sus posibilidades internas5
De modo que queda explícito el hecho de Bowman adentrándose en la Monada representada por el monolito, donde el mismo universo, y más allá de este muchas realidades se conglomeraban.
La forma independiente como actúan las múltiples realidades posibles es base en el pensamiento de Leibniz, es de este modo cómo la diversidad de mundos posibles coexiste estableciéndose entre ellos canales semióticos; claro Leibniz habla de que ellos están supeditados a Dios pero aquí habría que considerar la posibilidad de la existencia del mismo y no el caso de que estos mundos se estén dando de manera independiente y espontánea sin la presencia de ningún ordenamiento superior a ellos tal y como se establece en la teoría de los muchos mundos.
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La coexistencia ilimitada
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Para nada resulta paradójico el hecho de todas estas ocurrencias tomando lugar simultáneamente. Son parte de un hecho físico que se desarrolló intuitivamente desde tiempos remotos. Así ya desde la época de Homero, el hombre describió multiplicidad de realidades que sin duda alguna y a la vista de los postulados de Everett sólo constituían mundos posibles, tan tangibles físicamente como éste que conocemos, éste en el cual caminamos y desde donde seguimos intuyendo nuevos ámbitos de la realidad.
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Bibliografía
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L. Dolezel, B. Harshaw, W. Iser, F. Martínez Bonati. J.M. pozuelo, M. L. Ryan, S. J. Schmidt. Teorías de la Ficción Literaria, Compilación de Antonio Garrido Domínguez, Madrid, Arco Libros, 1998.
Ursula K. Le Guin. Las estrellas en la roca, guía entregada en el seminario.
Clarke, Arthur C. 2001 Una odisea del espacio, Barcelona, Palza &Janes Editores, 2ª ed., 1994.
Borges, Jorge Luis. Obras Completas I, Barcelona, Emecé Editores, 5ª ed., 1996.
1 L. Dolezel. Mímesis y mundos posibles, Madrid, Arco libros , p. 78.
2 Mayre- Laure Ryan. Mundos posibles y relaciones de accesibilidad, Madrid, Arco libros, 1998, p.186.
3 Clarke, Arthur C. 2001 Una odisea del espacio, Barcelona, Palza & Janes Editores, 2ª ed., 1994. p. 237.
4 Borges, Jorge Luis. Obras Completas I, Barcelona, Emecé Editores, 5ª ed., 1996. p. 477.
5 Conferencia dictada por don Julián Marías del curso “Los estilos de la Filosofía”, Madrid, 1999/2000. tomado de http://www.hottopos.com/mp2/leibniz.htm
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