lunes, 6 de julio de 2009

Andrés Mir: Poemas inéditos

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Tres poemas (inéditos) de Andrés Mir
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B
arro: y siento de las manos el áspero transcurso.

Hemos poblado la tierra –esta tierra– del eco

donde fluye tu aliento,

en latidos que conversan su círculo

cual si diferente fuera la misma caída de las hojas

y el brotar de verticales ramas bajo la espalda.

Cuanto cae y resurge pasa por mí: este pecho

que necesitó del fuego para sonar como un cristal

no cede en su moldeable condición; entre los dedos adquiere

el ritmo pendular de la marea nominada respiración y tras ella

ese peculiar deseo de agotar flujo y reflujo.

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Somos: del mismo material por tantos pies hollado,

suelo, vasija, techo,

y esta necesidad de fuga nos da manos para modelar en nuestra carne

la fugaz esperanza del ciclo.

Ad líbitum.

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al principio, con su estilete de temporalidad aguda, el verbo.

mueca sin más patria que el camino,

quiebra los pies del redentor, descalzos y polvorientos -nadie

vino a lavar sus pecados- mientras el cabelludo pájaro despierto

anida entre las marsupiales hierbas del deseo. pájaro kiwi,

soy Paganel estirándome sobre la certeza, incierto y tatuado,

de cuántas partes estaremos hechos - qué rescoldos

tendrán las grutas agnosticables del repartirse. Estas manos, miope indecisión,

buscan la verdad, pero dónde se hallará.

entonces

pienso en los puentes que se besan por encima y por debajo,

arbitrariedad de carne y reflejo, mi rostro

tiene que obligatoriamente darse de rostro con la espuma irregular de kiwi,

tiene que saltar al centro de la danza la saliva, para en noción de alquimias

trocarme la serpiente cuya mordida cola no es otra

que la cola de la serpiente que muerde. vuelven las ecuaciones

a diluir lo indescifrable, soy Paganel y no recuerdo otros continentes

(he olvidado también los contenidos), en el pasto de mi pecho

un ave caminadora bebe la copa, bebo también

esa multientidad en que ser ave, mártir, mano o hilandero

insinúa extremos actos y el fuego

cubre todo el espacio negativo domeñado

por el redentor y su kiwi, por el sediento que paladea reflejos en la otra orilla

de un rio tan lento y posesivo como la duda.

junto a esta geografía intento enlazar el sustantivo, no vayan a ser

los malos ejemplos de la pluma de ganso

cenizas en la llama de este azúcar y el inmóvil versículo de acero

busque quebrar alguna muñeca ensimismada.

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mientras, giro en la risa de Hegel y con mi espalda bajo el cielo

discurro a dónde irán las aguas que me atrapan.

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Seca tu guadaña, temerario. Hay sangre por doquier; o tinta, a más decir,

ella nuestro oficio supuestamente perpetúa. Mas no se dejan apresar

estos lomos henchidos de bonanza por el mero filo del calígrafo. Tienen

los vocablos sumados esquiva condición, se les deja ver

un ala de pronto, una bisagra o un balanceo.

Pobre oficio de vate que urde animales prófugos a su antojo supuesto, déjalo

reclinado bajo la nimia luz, con el dedal lleno de agujeros, jamo

con que captura la noche en un vaso de té. No logra nada, salvo mitigar

una sed por definición inagotable y partir

dando tumbos rumbo al camastro de tablas y pergaminos

a dormir el sueño del párrafo bordeando la colina y él bajo una fronda,

silabeando un caramillo.

Hay tinta por doquier; o sangre, digo yo, mientras más conocemos las palabras

menos se dejan tocar con la mano, suelen

morder o dar portazos cuando no herirte

con la tímida quemadura del silencio.

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Sobre Andrés Mir, Aquí.

Otras colaboraciones de AMir en Efory Atocha, Aquí, Aquí...

Foto tomada de la Web

2 comentarios:

  1. ESCOMBROS HABLANEROS6 de julio de 2009, 6:32

    Chago no demores en poner algo tuyo

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  2. Santiago Méndez / Chago6 de julio de 2009, 7:28

    Bueno, de momento toca celebrar y agradecer los poemas del amigo AMir.

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