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miércoles, 14 de octubre de 2009

Jorge Alejandro Camacho: Décimas

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Décimas de Jorge Alejandro Camacho
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DECLARACIÓN LIBRE CONTRA MI MISMO-
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Hoy he pisado a mi sombra
con la punta de este pié.
La he pisado, y yo no sé
ese dolor quién lo nombra.
Pisa el pie, luego se asombra
del bestial ruido en el suelo.
Lo pisé como a un pañuelo
que el viento arrastra en la tarde.
La pisé, y ahora me arde
mi sombra con desconsuelo.
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2
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Mi sombra, que a sol o a luna
me ha seguido desde niño,
finge no estar, hace un guiño,
se arrulla como en la cuna.
Ah, vieja sombra perruna
que hasta soporta pisadas.
Ah sombra de desgarbadas
poses para las querellas,
sombra de todas mis huellas
de todas mis madrugadas.
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CONFESIONES IV
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Como el profeta me paro
En la roca junto al mar.
Me paro, como a soñar,
con paciencia, con descaro.
No soy luz, yo no soy faro,
nadie me dirá maestro.
Nada soy, yo nada muestro
Es esa mi libertad
Vivo según mi verdad,
mi mundo es mío, no es nuestro.
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CONFESIONES III
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Después de tantos abrazos
siento un vacío en el fondo,
siento una ausencia en lo hondo
de algún sueño hecho pedazos.
Yo no soy esos retazos
que regalo con ternura,
yo no soy esa premura
del amor en los moteles.
No soy estos versos crueles
con que eludo la locura.
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Otras colaboraciones de JACamacho, Aquí.
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Jorge Alejandro Camacho Sosa.
Escritor, nacido en La Habana, Cuba, en 1964. Ha publicado "Ojos de Miope"(Editorial Letras Cubanas, 1991) "Conversaciones con Jenny" (Banco de ideas Z, 1993), así como varios cuentos en antologías. Fue ganador del Premio Casa de América Latina del concurso Juan Rulfo convocado por Radio Francia Internacional con el cuento "¡Oh, la Habana!", en el año 2000. Actualmente reside en Colombia y trabaja como consultor en temas de turismo. Tiene su blog,
Aquí.
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viernes, 3 de julio de 2009

Jorge Alejandro Camacho: Honduras

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-------------------Honduras



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Por Jorge Alejandro Camacho

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El debate en torno a los sucesos recientes en honduras es más “acomplejado” que complejo. Hay dos realidades bastante difíciles de controvertir: 1. Que el señor Zelaya estaba socavando de manera inaceptable la institucionalidad democrática de Honduras, así como violando varias leyes y normas constitucionales. 2. Que como consecuencia de lo anterior, sencillamente, se le orquestó un golpe de estado. Ambas cosas son repudiables. Es así de sencillo. El apego a la ley. Nada más. Pero la realidad nunca es sencilla. Los intereses y las pasiones generan otras variables y como resultados otras realidades.

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Empecemos por los medios: si bien es cierto que he leído numerosas columnas de un equilibrio y una mesura encomiables, en otras no tanto y en algunas todo lo contrario. Incluso en analistas que hacen análisis bastante objetivos hay sesgos que no me parecen convenientes. Calificar de golpe de estado las acciones del presidente Zelaya es una imprecisión que le hace un sutil favor a los militares que expulsaron en pijamas al presidente. Puede haber violado la constitución (y eso es grave), haber violado las leyes, y haber polarizado criminalmente a la sociedad hondureña, y por ello deberá responder, pero no dio un golpe de estado. Las diferentes instituciones de la sociedad hondureña tenían suficientes herramientas para impedir las pretensiones del presidente, para enjuiciarlo y condenarlo. Pero no lo hicieron, recurrieron a la fuerza. Muchos columnistas con lo uno justifican lo otro, cuando lo justo sería decir: “Ni el burro ni el que lo arrea...” Otros, como Carlos Alberto Montaner, afirman que el golpe militar no es tal cosa.

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En este contexto encontramos demócratas de ocasión, impregnados de un relativismo moral que permite condenar los golpes de estado pero solo los que afectan a los gobernantes con los que se simpatiza, los otros no son golpes o son excusables; que permite denunciar el modelo autoritario y caudillista que anda en boga por Suramérica torciendo constituciones con ilegalidades de diverso tipo, pero solo cuando lo practican políticos de izquierda, cuando lo hace uno de derecha como Alvaro Uribe eso no es condenable. Muchos, asumiendo que los amigos de mis enemigos son mis enemigos aplauden la ruptura institucional como si el fin justificara los medios.

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Con los políticos es más patético. Los gobiernos del grupo del ALBA tienen una agenda en muchos puntos divergente con la de la OEA o la ONU, ellos rechazan el golpe, pero no ese modelo de democracia plebiscitaria o de “opinión” que ya hace carrera en Suramérica. El revoloteo de Chávez es, además de burdo, inconveniente. Un presidente no puede hablar de “derrocar” a otro, así este sea un golpista. El consenso en torno al repudio al golpe puede malograrlo él más que nadie, porque ese consenso no es una patente de corso para impulsar agenda la agenda bolivariana y el ego caudillista. Raúl Castro pide al presidente Obama hechos. ¿Qué hechos? ¿Una intervención? ¿Un bloqueo? ... Umhhh.

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En todo este proceso hay un gran perdedor: la democracia. Pierde por lado y lado: pierde cuando un distorsionador de la democracia como Zelaya termina siendo visto como víctima y pierde también cuando un sentimiento antiplebiscitario o antichavista lleva a hacerse el de la vista gorda ante un golpe militar. Pero pierde sobre todo, al suceder una vez más que las discrepancias políticas se solucionan con las armas.

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Cuando las armas son las que deciden las diferencias políticas, termina validándose la vía armada para la consecución de objetivos políticos. Como he dicho antes a algunos amigos: esa concepción de las armas como validador último de las diferencias políticas abre las puertas a los golpes militares y al surgimiento de movimientos armados subversivos, fenómenos típicos de una etapa que creíamos estar en camino de ser superadas.

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Nota: Acabo de escuchar por radio que las emisoras en este momento están todas encadenadas transmitiendo mensajes del gobierno. De ser cierto sería una censura coherente con el manejo militar del asunto.

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Otros textos de JACamacho en Efory Atocha, Aquí, Aquí, Aquí...



jueves, 28 de mayo de 2009

Jorge Alejandro Camacho: Benedetti

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-------------------------Benedetti

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Por Jorge Alejandro Camacho

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En el blog La casa azul publica Belkis Cuza Malé un artículo sobre Mario Benedetti. Escribe lo que piensa, o tal vez, lo que siente, porque en su escrito palpita una emoción muy fuerte. Ese texto me motiva a escribir este. No voy a controvertir ninguno de los hechos que ella narra porque de ellos no tengo más referencias que artículos como los de Belkis y las historias contadas por amigos. Pero voy a referirme a una contradicción evidente: Belkis escribe: No voy a hablar aquí de su obra, sino de su persona. Para punto y seguido afirmar: Su obra no me interesa para nada. Su poesía tiene el aire de su vocación juvenil, la del perfecto oficinista, es decir, la antítesis de lo que pensamos ha de ser un poeta. Juicio mas aniquilante sobre una obra poética es difícil de encontrar. Claro que opina sobre la obra. No se extiende en argumentos sino dicta una sentencia y para desgracia del difunto lo hace con una eficaz ironía.

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Desde luego que ella tiene todo el derecho del mundo de hacer ambas cosas; pero no tiene el derecho de decirnos que no cuando sí. Hay, además de las citadas, otras frases poyan la impresión negativa que el texto sugiere: “uno de los tantos escritores”..., “...un escritor a sueldo...”, “...lo habían ensalzado a la cumbre...” Belkis Cuza Malé no aprecia la obra de Mario Benedetti y de eso sí habla, deja en claro incluso que no le “...interesa para nada...” y ese es otro juicio aniquilante.

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Obras como las de Benedetti y José Angel Buesa generan agudas controversias. Dioses para unos, pobres diablos para otros, estos escritores no pueden ser borrados de un simple plumazo. Su obra contradictoria y peculiar tiene un espacio en la historia de la literatura latinoamericana, más allá de sus ideas políticas o sus avatares personales. Cuál será la sentencia final de ese juez implacable que es el tiempo, no lo sabemos. Pero sabemos que Benedetti será uno de los llamados a juicio, y eso es ganancia para él. Al menos tiene garantizado que no recibirá una condena al olvido sin su respectivo debate.

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Yo quiero apuntarle algunos méritos al poeta: leía bien. Leídos por él, sonaban deliciosos aun poemas francamente malos. Y si en honor a la verdad no puedo elogiar una poesía impecable, puedo hacer referencias a algunos buenos versos. Y es un poeta con el que siempre uno se reencuentra, a pesar de todas las distancias. Y los de mi generación (1964) aun le debemos otra al viejo Benedetti: sublime o cursi (o ambas a la vez) su poesía está enredada en la historia de nuestros amores. Poemas buenos o malos, no importa: fueron los instrumentos de historias fabulosas, nuestras historias. Honestamente tenemos que reconocer que cuando nos flecha cupido transigimos con boleros y baladas y poemas, aun aquellos que a solas no consumiríamos por nada del mundo.

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En fin, el legado poético de Mario Benedetti no todos lo ventilan de un modo tan sucinto y rotundo como lo hace Belkis. Tampoco constituirse en paradigma indiscutible. Es un poeta con sus luces y sus sombras. El tiempo dirá donde lo ponemos, incluso dirá si es que lo ponemos.

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Sobre las reticencias de Belkis respecto a las posturas políticas de Mario Benedetti solo puedo decir que las respeto. Ella vivió en la época del Congreso de Educación y Cultura del año 70 en la Habana y vivió lo que nos narra Jorge Edward en su libro. Y las vivencias marcan. Para mí, en cambio, vivir en Suramérica, conocer la realidad de estos países y ver a Cuba desde lejos, me ha permitido entender que desde aquí se ve distinto el paisaje. Cada quien carga con su verdad que está marcada por las experiencias personales. Nosotros desde Cuba hemos tenido unas experiencias que nos hacen a ese fenómeno denominado “la revolución cubana” de un modo. Ellos tienen otras que los llevan a verlo de otro modo. Cuando esas verdades pueden ser compartidas en contextos de respeto y ecuanimidad surgen otras verdades más complejas. Nada puede mirarse en blanco y negro, aun cuando abunde el negro. Sobre la postura política de Mario Benedetti y de otros intelectuales latinoamericanos creo que el análisis es mucho más complejo de lo que uno encuentra en las polémicas. No todo puede resolverse con el esquema facilongo de buenos y malos, de honestos y deshonestos. Cada quien tiene sus zapatos, sus historias, sus dolores y desde ellos interpreta al mundo.

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Aunque se equivoque, esa verdad personal merece ser. De ese respeto por la diferencia, los cubanos de todas las orillas tenemos mucho por aprender aun.

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miércoles, 13 de agosto de 2008

El Alma y los Zapatos (Crossposting con Camacho)


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---EL ALMA Y LOS ZAPATOS
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Por Jorge Alejandro Camacho.
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Bailar es una habilidad del cuerpo pero esencialmente es un ejercicio del espíritu, del ser profundo que habita dentro; por lo tanto bailar requiere una técnica, pero también una pasión. Capacidad física y rigor, pasión y gracia, dos pares que cuando se encuentran generan el hecho artístico. Detrás de toda obra realmente significativa hay un mundo pasional intenso. Bueno, al menos eso es lo que yo creo.

Es posible que el condicionamiento generado por esos criterios sea el culpable de que me haya parecido deslumbrante la presentación de Swing Latino Tigo en el Teatro Enrique Buenaventura, (mas conocido como teatro municipal de Cali) el viernes 4 de abril de 2008. No puedo dejar de ver en esto un encuentro de los olvidados imprescindibles de la ciudad de Cali: Juntos Enrique Buenaventura y la pobramenta bailarina del distrito de Agua Blanca. Buenaventura es el más importante teatrista que ha tenido Colombia. El, junto a Santiago García, son dos luces que en la segunda mitad del siglo XX pusieron el nombre de Colombia en el listado de honor del teatro mundial. En este principio del siglo XXI son los salseros caleños quienes saltan de las mechas humildes del distrito a las lentejuelas de los grandes escenarios gringos. Ambos motivo de orgullo para Cali. Ninguno de ellos es materia para la revista Gente.

En la ciudad de Cali no se creado ningún tema musical de los imprescindibles del mundo de la salsa, a pesar de contar la música de Colombia con creadores de la calidad de Fruko, Joe Arroyo y el grupo Niche. No se han creado, pero se han bailado, se han tocado, se atesoran y conocen todas las creadas en cualquier lugar del mundo. Y se han bailado como en ningún otro lugar. Cali no aprendió a bailar la salsa: se inventó el baile de la salsa. Y los que vieron esa locura decidieron mantenerle el nombre (Salsa), desentendiéndose del apellido del padre que puede estar en la Habana, Puerto Rico o Nueva York, poniéndole directamente el de la madre Cali: Salsa Caleña. Cali no es madre soltera, sino libre.

En el barrio se ha gestado esa salsa caleña que ya es un mundo poblado de bailarines, bailadores, melómanos y coreógrafos. Antes de llegar a los escenarios, a ese teatro municipal donde vimos un esplendor de espectáculo, la salsa es del barrio. Y cuando termina la presentación o el campeonato mundial vuelve al barrio, porque la salsa caleña es de la caseta, del bailadero de la esquina.

Afirma en espacios informales algún historiador que la salsa llegó a Cali por la calle octava, que esa fue obra de prostitutas y bandidos. Por ahí llegó, extendiéndose por los barrios pobres. Lejos ha llegado viniendo de tan lejos. Ha viajado, pero no se ha ido. Su núcleo vibrante sigue estando donde siempre ha estado.

Cuentan que alguna dama (con la mejor intención) ha dicho que en El Distrito “salen los bailarines hasta de las alcantarillas” y resulta una buena frase aun con la inevitable referencia a la similitud con las ratas. Hay bailadores por todas partes, porque bailar no es una corriente artística sino un componente de la vida. Y si bailar puede llevar a cualquier mulato a brillar ante el mundo hospedado en un hotel de cinco estrellas en Orlando, EEUU, es fácil que se desate la pasión por mutar de bailador de tardes, noches y cervezas, a bailarín de 8 horas de entrenamiento como disciplina. La salsa es la forma como el caleño pobre da curso a esa creatividad, a ese talento, a esas emociones y a esa libertad que lleva dentro. Triunfar socialmente con la salsa es un triunfo de la identidad, es una reafirmación personal, pero también es poner otro colorcito en el mapa de este mundo globalizado que a veces se ve tan monocromo.

Es por eso que cuando bailarines del barrio como los de Swing Latino Tigo, llegan a un escenario lo hace con una presión muy grande. En cada presentación, en cada salida del espectáculo, en cada paso de la coreografía, el bailarín se la juega toda. Los bailarines de la salsa caleña bailan como si no hubiera “una segunda oportunidad sobre la tierra”. Ellos apuestan “el alma y los zapatos”, es decir: apuestan todo. Bienaventurados los dueños de semejante frenesí.
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Otros textos de J. A. Camacho, Aquí.
Jorge Alejandro Camacho Sosa.
Escritor, nacido en La Habana, Cuba, en 1964. Ha publicado "Ojos de Miope"(Editorial Letras Cubanas, 1991) "Conversaciones con Jenny" (Banco de ideas Z, 1993), así como varios cuentos en antologías. Fue ganador del Premio Casa de América Latina del concurso Juan Rulfo convocado por Radio Francia Internacional con el cuento "¡Oh, la Habana!", en el año 2000. Actualmente reside en Colombia y trabaja como consultor en temas de turismo. Tiene su blog, Aquí.
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Foto tomada de Internet.

miércoles, 23 de abril de 2008

Tres poemas inéditos de Jorge Alejandro Camacho

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Tres poemas inéditos de Jorge Alejandro Camacho, (La Habana, 1964)

--------------------I

el corazón es una puta que se embriaga

que se embriaga para soportar

o soportarse

es una piedra que duele y hace rabia

es la rabia misma más su espuma

ah qué mar de inmenso un corazón

espacio pequeño y tan de malas

esclavo resabiando sus achaques

resabiando la manera de ser cómplice

traidor aun de la sangre que lo inunda

dueño de nada o de la vida

una noche un día una noche

un latir otro latir otro latir

qué cosa tan mediocre un corazón si no se infarta

o hace una arritmia en sí bemol o no

sencillamente no el no de un corazón ha de valer

ha de valer siquiera el cambio

el cambio las monedas chilinguiando su devuelta

el corazón es un mártir sin espinas

es un bandido con puñal y mucha sombra

es

dios sabe que un corazón es

y es más que un cuento

---------aunque soporte igual que los cristales de ventana.

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----------IV

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rocas

-------arrastradas

----------------------río

--------------------------abajo

rocas

-------despeñadas

----------------------sin piedad

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fueron muros, paredes infranqueables

inmunes al tiempo, al olvido, al viento norte

y a la penetrante mirada del viajero-- muros, paredes--

sitios donde el cuerpo va a estrellarse

piedras de sacrificio espacio para la pequeñez

de quien escala.

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Moles

----devastadas

--por

----------------------------simples

------------------------------------gotas

-----------------------------------------de

--------------------------------------------agua

--------------El viajero

lleva consigo las mutaciones,

y no es

sino una huella.

Más que dos pies

es un deseo,

es a un mismo tiempo lo que sobra

y lo que falta.

Un caminante es la desgracia de sus hijos

O tal vez un anticipo

de la tumba que lo aguarda.

Jorge Alejandro Camacho reside en Colombia. Tiene varios libros de poemas publicados.