lunes, 8 de marzo de 2010

Carlos Pintado: Poesías

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Poemas (inéditos) de Carlos Pintado

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LOS DOMINIOS DEL FUEGO

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A veces, cuando camino por una calle, me encuentro

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en los cientos de rostros que la ciudad me esconde.

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A veces, sólo a veces, soy el cadáver de mí mismo

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deambulando en el olvido de otros hombres,

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en la luz que roza la superficie perfecta de las cosas,

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en el reflejo que el cristal demora

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como una negación del tiempo.

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A veces echo a andar con la desidia a cuestas,

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amparado por el sopor de unos portales bullendo en el hastío,

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en la calma intemporal de las estaciones.

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No tengo más que el silencio, que unos cuantos amores

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que apenas sustituyen un hueco en el rostro, una muerte

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dibujada contra otra muerte tranquila.

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A veces soy el oscuro visitante; detrás de mi sombra

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alguien empuja sus dagas infinitas.

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Yo alzo la vista imaginado el cielo como un páramo;

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veo arder las hogueras al centro de tus ojos;

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pregunto qué mansedumbre es esta que infecta

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la carne piadosa de las bestias.

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A veces, por diversión, llevo mi cuerpo a dormir junto a los ciegos.

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No sabrás en qué estación volaron los cuervos,

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en qué instante la lámpara ardió hasta quemar la infinitud de un tiempo,

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cuán lejos la trampa en que la voz se esconde,

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su marasmo, su escorpión de trampa retorciéndose.

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No sabrás. A veces no sabrás

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a qué casta perteneces. No sabrás

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si Dios está en las cosas que te olvidan o si en las cosas que olvidas

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está su inútil permanencia, su Dios en tanto Dios olvidado.

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Esto que ahora me envuelve es una mudez eterna,

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un silencio del que caen peligrosos cuchillos.

A veces voy y aguardo en puertas de nadie, oyendo

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en el sopor de la madera sus impúdicas confesiones.

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He creído en todas las salvaciones posibles menos en mi salvación.

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Soy el espejismo que tu sombra invierte, la sed que arde

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con sus otoños piadosos de gloria, la sed

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de unos portales blancos, la sed

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que viene como un cuerpo hermoso y proscrito junto a la tarde.

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A veces soy quien envía señales de auxilio;

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por estas calles en que me pierdo

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no habrá quién descubra para mí el regreso a la gloria.

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En todo lo que he sido yace ahora una paz de espejos rotos;

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he bajado a los sótanos, al deterioro de los sótanos, por pura rebeldía,

para negarme en el muchacho que soy a los veinte años.ç

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Nadie cuida de mí: el mundo es unos nombres extraños,

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un puñado de ramas pudriéndose sin remedio.

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El mundo y yo nos confundimos por astucia, para sobrevivirnos mutuamente,

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para mentirnos, para amarnos, para hacernos el amor.

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A veces soy quien envenena el agua de las fuentes,

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el decapitado que hace su función triste y sagrada,

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ignorando qué reverencia hará de él un hombre perfecto,

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una voz en la que habitan los pájaros del estío.

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A veces uno ahuyenta la máscara del rostro, descorre

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los cerrojos para que la lucidez tenga un pacto con la noche.

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Entre el mundo y yo pasan lentas caravanas de muertos,

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sueños, gritos, bosques donde el silencio impone sus hordas demenciales.

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Yo también soy el mundo, o su inútil reverso.

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He traído cántaros de agua, frutas para el convite,

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he visto en los dominios del fuego los ojos impasibles de los hombres,

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y he perdurado en ellos.

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He traído antorchas para el viaje.

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Que me sea negada toda historia poco importa.

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Que no lleguen mis pasos al sitio donde la luz dibuja su contorno inasible.

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Que huya de mí lo que a ciegas vino como un viento de otoño.

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A veces, sólo a veces, he creído ser la mitad podrida de Dios

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o el muchacho que deambula sin sentido

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en una calle a punto de perderse.

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ELOGIO DEL INSOMNIO

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-----------------Para Félix Lizárraga

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Hay, en el sueño, un hondo espacio abierto.

Es inútil mirar: todo sueño es oscuro

como un pozo en la noche, el menos puro

pozo que es también sueño del desierto.

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Pero algo en el sueño se agita como un monstruo,

despertando al durmiente en un segundo;

(Algo que no es acaso de este mundo

le revela al durmiente su rostro y el del monstruo

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como si los dos fueran ese mismo

rostro que nos dibuja la muerte en el abismo

final de nuestros días). Luego viene el insomnio:

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en la espesa tiniebla sus manos se adivinan,

y uno cuenta las horas a ver si ya terminan

ese duelo final de Dios con el Demonio.
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Otros poemas de CPintado en Efory Atocha, Aquí.

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Foto tomada de la Web.

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3 comentarios:

  1. Estimado amigo: agradezco mucho las opiniones, las tengo en cuenta.

    Saludos.

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  2. Gusto leer al gran poeta amigo en el blog de otro grande en poesía y humanidad. Abrazo doble, como un trago de ron!

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  3. Sí, bienvenido ese trago maestro Rafa: fuerte abrazo.

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