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jueves, 14 de julio de 2011

Camilo Venegas: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Camilo Venegas
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Canción funesta
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¿Es posible quitarle al ruido

lo que no queremos

que se pierda en sus adentros?

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¿Tenemos alguna forma

de salvar la melodía,

ese silbido

que ha dibujado en el agua

y acompaña,

por desgracia,

a una canción funesta?

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¿Cómo hacer para que el trovador se calle,

para que no diga ni una palabra más

y nos permita

disfrutar sin remordimientos

la fortuna de haber sido testigos

de los años más felices de una generación?

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¿Habría alguna manera

de trasplantar todas las flores

que él sembró en aquellos días de rabia,

para que sobrevivan en paz,

sin tener que alimentarse

de todo ese estiércol en que él se ha convertido?

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Alpinista
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Subo por el hielo después del desayuno.

Comienzo a escalar

la fría pared donde las arañas,

vertiginosas,

tejen una densa tela sobre las horas

que se nos vienen encima.

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Visto desde aquí arriba,

el horizonte

es una unidad de medida,

la noción más austera

que podemos tener

del país que siempre deseamos.

Casi nunca logro llegar hasta la cima,

pero subo bastante,

al menos alcanzo el punto

en que nada puede detener mi caída.

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Aquí,

donde el hielo siempre es invisible,

soy alpinista.

Me arrastro por el espejo de rocas

hasta quedar exhausto.

Una vez allá arriba,

desciendo sin esfuerzo

al fondo minucioso

de las cosas más simples.

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Trepo con la única excusa de bajar.

Aprovecho la luz de día

para coronar

una montaña desconocida.

Luego,

me valgo de la noche

para descender hasta lo más cotidiano:

la llovizna, tu voz, alguna música.

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Aquí,

donde el hielo siempre es invisible,

cumplo la condena

de tener un sueño

y el espacio suficiente para reflejarlo.

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Lugares comunes
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El parque de Ranchuelo es un verso

del mejor poeta de tu generación.

La iglesia de Manicaragua

es el capítulo final de una historia

donde no se distinguen

los buenos de los malos.

El cine de Cienfuegos

es una selva tropical

donde Sandokan vence,

uno por uno,

a todos los villanos de tu infancia.

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No dejes que se te olviden

los nombres de esos lugares

que perderás de vista

cuando alguien apague

la luz impredecible del sueño.

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CVenedas en Efory Atocha, Aquí
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jueves, 23 de septiembre de 2010

"Cañas de Remedios, Bagazo de Atocha" Una reseña de Camilo Venegas a "Bagazo: poemas iberos"

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"Cañas de Remedios, Bagazo de Atocha"
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Por Camilo Venegas
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Hace unas semanas, Santiago Méndez Alpízar me envió el PDF de Bagazo (sí, hay que irse acostumbrando a no tocar los libros), una compilación de sus poemas iberos. Dejé el cuaderno en mi desktop. Primero lo leí de principio a fin, luego, en cualquier dirección.
El bagazo es el último residuo de la caña de azúcar, lo que queda cuando ya no queda nada. Chago sabe a qué sabe eso. Allá, en el andén de la estación de Remedios, su pueblo de provincia, asaltó a los trenes del ingenio para robar el botín. Primero era una espada, que se usaba en uno de los tantos combates de la infancia, y después una larga fruta que se pelaba con la boca.
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El bagazo, cuando pierde todo el jugo, sabe a madera y a tierra. Los poemas de Chago, además, tienen el sabor metálico de las cuchillas de afeitar. Por esos sus versos a veces parecen haber sido cortados con un filo, con algo tajante que no permite que nada sobre, que nada florezca.
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“Olvidaste que en Cuba/ en un pueblo de provincia/ la suerte no es tal/ sino la muerte”, asegura el autor en “Pequeño poema para mi amigo Pardo, de Camajuaní”. La palabra muerte está en el lugar de olvido, que es lo que sucede una línea más abajo.
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Bagazo es un libro hecho en Atocha con cañas de Remedios y sentimientos acopiados en ambos extremos del océano: desarraigo, amor, desamparo, deseo, rencor y las más productivas insatisfacciones. Este es un libro que no pertenece ni a la literatura cubana ni a la española, esas clasificaciones no están a la altura de la libertad que inspira.
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Entradas relacionadas, Aquí
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Otras colaboraciones de CVenegas en Efory Atocha, Aquí
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Publicado anteriormente, Aquí.
Imagen tomada de la Web.
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jueves, 15 de julio de 2010

Camilo Venegas: poemas inéditos

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Tres poemas (inéditos) de Camilo Venegas
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LUJO
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Ya no voy a ser todas las cosas que quise de niño.
No se me ocurrirán palabras
ni sueños
ni nada
que otros no hayan dicho antes
con mayor elegancia, con increíble soltura.
Pocas nociones cambiarán a mí alrededor.
No zanjaré ni siquiera aquellos malentendidos
que me figuraba simples,
casi resueltos.
Cuando creí ver un río crecido, era una nube
que alguien describió como un narval
hundido en el océano del horizonte.
Ese error de cálculo es la suma de muchos otros.
Por eso creo que sería demasiado dichoso
si consigo llegar a la vejez
lúcido y solvente,
con lo indispensable para no ser una carga.
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Siempre he sido el trueno de lejanos relámpagos,
el eco de las voces que lo definieron todo,
el inquilino adeudado
que esperaba por el niño que quiso ser
el hombre que no soy,
el impostor que se da el lujo de envejecer en mi ausencia.
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EN UN BARRANCO CERCA DE TURÍN
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Del lado de allá del barranco unos niños jugaban.
Caminó por el filo de hierbas,
sin quitarle los ojos al río y al abismo,
aquel precipicio que tantas veces describió
en lugares tan distantes.
Sacó un cuchillo y,
siguiendo los pasos del rito Seppuku
(que había estudiado para ponerle fin
a uno de sus personajes), se sacó las entrañas.
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Ese día, en el Valle di San Martino,
cerca de Turín,
corrió la noticia de que un loco,
hincado de rodillas,
se había quitado la vida como un samurái.
Poco después la crónica le dio la vuelta al mundo.
Entonces, ya no se habló más del orate,
sino de feroces combates en la Malasia y el Caribe,
de aventuras en Cartago, la India, Siberia y el Ártico.
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Aquellos niños, los del lado de allá del barranco,
se batían como tigres junto a Sandokán y Yáñez,
uno decía llamarse Tremal-Naik
y el otro alardeaba la fuerza de Kammamuri.
Eso creyó oír Emilio Salgari cuando se abrió la camisa.
Poco antes había roto su pluma,
no sin antes pedirle a sus editores
(esos que se habían enriquecido con su piel)
que cubrieran los gastos del funeral.
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EL VERANO
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El verano es eso que sueles llevar puesto
cuando estás completamente desnuda.
Recuerda que era muy tarde en la noche
y que John Wayne iba a todo galope
por el gris definitivo que cubría el desierto.
El agua de junio golpeaba en los cristales
y tú te habías llenado de talco hasta el pelo.
Como un fantasma cruzaste por la pantalla,
justo cuando aparecía en primer plano
el rostro del hombre
que en verdad mató a Liberty Valance.
Los disparos retumbaban contras las paredes
de la habitación oscura y caliente.
Entonces fue que trataste de salir del verano,
pero ya era parte de tu piel
y tuvimos que dormir a su lado toda la noche.
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-Otras colaboraciones de CVenegas en Efory Atocha, Aquí.
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Camilo Venegas: Paradero de Camarones, Cuba, 1967. Desde el 2000 reside en Santo Domingo. Estudió teatro en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, La Habana. En Cuba, laboró como editor de EL CAIMÁN BARBUDO y LA GACETA DE CUBA. Luego dirigió el Fondo Editorial Casa de las Américas. En República Dominicana ha sido editor de EL CARIBE y DIARIO LIBRE. Luego formó parte del equipo del Centro Cultural Eduardo León Jimenes. Entre sus libros publicados se encuentran "Los trenes no vuelven" (1993), "Cine Vedado" (1995), "Pequeño inventario de cosas que nunca existieron" (1998), "Itinerario" (2003) y "Afuera" (2007). Su cuento "Irlanda está después del puente" mereció el Premio del Concurso Internacional de Casa de Teatro en 2004. Actualmente labora como Gerente de Contenido en Newlink Communications y continúa publicando sus columnas en el semanario CLAVE. Coordina el blog, El Fogonero. Imagen tomada de la Web.
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jueves, 24 de diciembre de 2009

"Los 3 Deseos" Camilo Venegas & Camilo Loret Mola

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Le he solicitado a varios amigos, la posibilidad de publicar sus deseos navideños, para el año próximo, y compartirlos con nosotros, ustedes. Así se sucederán voces y anhelos por estos días.
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Igualmente es un modo de hacer llegar a todas y cada una de las personas que durante el año que se va, dedicaron un poquito de su tiempo, llegaron hasta los sanos humos de Efory Atocha, mís felicitaciones, mi enorme gratitud. Para todos ustedes: Aché.
Santiago Méndez / Chago
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------Camilo Loret Mola
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Con mucho gusto amigo Chago.
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1- Volver a andar La Habana sin que me cueste la cárcel o comprometa la vergüenza.
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2- Arreglarme con mi padre antes que el tiempo se lo lleve con sus banderas, himnos y medallas. -
3- Pasar mucho más tiempo con mis tres hijas.
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Muchas felicidades.
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--Camilo Venegas
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Mi abuela Atlántida mantuvo un ritual hasta la última Navidad de su vida. A las 12 de la noche del 31 de diciembre, tiraba un cubo de agua por la puerta de la calle. A esa hora, con los ojos bien cerrados, pedía tres deseos. No sé cuántos de aquellos anhelos se le cumplieron, sólo puedo asegurar que ni siquiera cuando perdió la memoria se olvidó de esa costumbre.
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Desde 1995 mi madre se ha hecho cargo del ritual. Tampoco sé cuántos de sus deseos se han cumplido, pero tengo la certeza de que al menos en uno coincide con mi abuela y ese, por más que lo ha pedido, no acaba de llegar. Pido entonces que en 2010 se nos dé, por ellas y por los millones de cubanos que tanto han esperado.
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Ese solo deseo contiene a todos los demás, los resume. Por eso este 31 de diciembre, cuando mi madre abra la puerta de la calle y lance el cubo de agua hacia la noche de Santo Domingo, pediré que el próximo lo pueda hacer otra vez en Cuba. Dejo los otros dos deseos en blanco para que el azar tenga espacio suficiente.
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Nunca ha llegado, pero a lo mejor para el año que viene…
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Entradas relacionadas, Aquí.
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Imágenes tomadas de la Web.
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lunes, 1 de septiembre de 2008

Tres poemas de Camilo Venegas



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-------Tres poemas (inéditos) de Camilo Venegas

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PAPEL CARBÓN

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El original fue destruido y la copia se quedó en blanco.

Por un momento creyó

que no tendría ninguna constancia,

que no se sabría nunca todo lo que dijo

en aquel momento de rara distracción.

Pero en el papel carbón, puesto a contra luz,

aún se veía el nombre de aquella muchacha

que se levantó el vestido

con las rodillas sobre la tierra,

debajo de una alcantarilla.

El nombre de Cuernavaca

se leía con toda claridad,

por encima de la palabra invierno

y de una frase entre paréntesis

donde se seguía hablando de lo mismo.

Su país, las pocas cosas

que aún recordaba de su país,

aparecían detalladas en una lista,

antes de que cualquier tarde,

la más insignificante de las tardes,

ardiera hasta quedar reducida a cenizas.

Luego, en un orden que ya confundía,

podía leerse el final

de una guerra en África,

un tren que pasaba sin ser visto

y una mesa servida sobre diciembre,

con Aurelio a la cabeza

y Atlántida todavía de pie,

espantando esas moscas

que nunca se han ido de la casa.

El original fue destruido,

pero el poema aún es legible,

unas palabras más

unas palabras menos,

en la hoja de papel carbón puesta a contraluz.

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EL MOLINO

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-------------------------------Una copia de Ko Un.

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Aquí nadie soporta al viento;

levanta demasiado polvo

y destroza todo a su paso.

Pero cuando él sopla

yo puedo sacar el agua

desde allá abajo

y darle de beber

a las aves, a los perros,

al ganado

y a todos los que lo maldicen

cuando escupen tierra.

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PLACERES

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----------------------------------------Una copia de Bertolt Brecht.



Los primeros minutos del día y los últimos segundos de la tarde.

El tiempo de agua y el olor de la hierba acabada de cortar.

El Paradero de Camarones por una ventana de Google Earth.

El silencio de los domingos y el saxofón de Paquito D'Rivera.

Algunas voces de mi país y el piano de Gonzalo Rubalcaba.

El encuentro con una persona que me recuerda a otra.

Leer los periódicos en el inodoro.

Una ducha antes de acostarme.

Algún trago de alcohol.

La noche del viernes.

El próximo tren.

Las montañas.

Un arroyo.

Escribirte.

Volver.

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Camilo Venegas: Paradero de Camarones, Cuba, 1967. Desde el 2000 reside en Santo Domingo. Estudió teatro en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán, La Habana. En Cuba, laboró como editor de EL CAIMÁN BARBUDO y LA GACETA DE CUBA. Luego dirigió el Fondo Editorial Casa de las Américas. En República Dominicana ha sido editor de EL CARIBE y DIARIO LIBRE. Luego formó parte del equipo del Centro Cultural Eduardo León Jimenes. Entre sus libros publicados se encuentran "Los trenes no vuelven" (1993), "Cine Vedado" (1995), "Pequeño inventario de cosas que nunca existieron" (1998), "Itinerario" (2003) y "Afuera" (2007). Su cuento "Irlanda está después del puente" mereció el Premio del Concurso Internacional de Casa de Teatro en 2004. Actualmente labora como Gerente de Contenido en Newlink Communications y continúa publicando sus columnas en el semanario CLAVE. Coordina el blog, El Fogonero.