lunes, 21 de noviembre de 2011

Ileana Garma: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Ileana Garma
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Me he salvado de tener una vida

con zapatos lustrados

con florero en la mesa

con fruta en el desayuno

con hombre de sombrero

con lavadero brillante

con pájaros que se mueren

sobre la azul-terraza

Me he salvado de tener una vida

con domingo familiar

con mesa para cuatro

con zoológico privado

o niños que lloren

Me he salvado de tener un hombre

que me bese en la frente

y me deje dinero

Me he salvado de una vida

que se pague a plazos

como un automóvil

Me he salvado de una vida

con diplomas y reconocimientos

y estoy en una madrugada

sobre Louis Armstrong

sobre un insomnio de hojas revueltas

sobre una tristeza que nada entiende

y que ha llenado de esqueletos

mi luna

¿Me he salvado?


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¿Cuál era mi voz?

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dulce de coco

agua de coco

manta de sombra para los enfermos de sol

¿será tan cierto?

aquella habitación

aquel patio

de puntillas en medio de la verdolaga fresca

y la danza de la luz

y la danza de la luz que invitaba

a viajar descalza sobre la tierra

ser descalza es lo mío

y tu voz abuela como una serpiente

de los corredores a las hojas del naranjo

cosa de locos comos los caballos

agua de jamaica

agua de tamarindo

¿serán tan ciertas?

tardes al salir del colegio

lagartijas

tardes al salir de mí

lagartijada

y la libreta de los dibujos en la mano

para pintar a la lombriz de tierra

al remolino de hojas

a la puerta oxidada

y el paso de los otros niños a sus puertas

junté un montoncito de tierra

¿será tan cierto?

(que mis manos fueron

pequeñas que abuela cantaba en una lengua)

incomprensible

el calor nos consoló a todos

lo mismo que la cocina

donde los días hervían

para dentro

Supongo que es verdad

mi sed me recuerda

al sol negro partiendo mis labios

al sol negro partiendo

a donde quiera que vaya

saldrá a recibirme el canto de mi abuela

como una serpiente

(de los corredores a los altos edificios (a las avenidas))

y comprenderé su lengua

cosa de locos como los caballos

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Sin el tiempo

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pudieran unirse estas dos cigarras
la tuya y la mía silenciosa como si guardara
para esta oscuridad su pequeño alarido


si nuestras dos cigarras entraran a los cables de luz

¿No sientes al cerrar los ojos el ardor de las sienes?
¿De todas las veces que fuimos sólo aquello?

Esas hojas que tú y yo
y nuestras cigarras mordisqueamos
a medias
hasta levantarnos sobre el horizonte que
esquivando árboles opacos
descubrimos

Anda
déjame volver a esas cigarras sus cuerpos diminutos


quisiera tocar para siempre su canto bajo el ruido bajo el ruido cuando
siguen creciendo esas preguntas que dejamos caer de la arena las estrellas en la arena
y hasta allá las estrellas que apuntamos
guardando ese canto en el escalofrío

nuestras cigarras
la tuya y la mía

hasta tomar la forma del vapor de los barcos a punto de zarpar
y la ligereza de mi falda
esa ya
olvidada también en tus manos

Así todas las
tardes
(Aún te digo cigarra aún te digo)
tu cuerpo dormido
atrapado en mi cuerpo


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Ileana Garma. Mérida Yucatán. 1985. Becaria en el 2005 del Programa de Fomento a la Creación y Desarrollo Artístico de Yucatán 2005. Diplomada en Literatura, Protocolo y Periodismo por la editorial Santillana 2006. Egresada de la escuela de Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores Mexicanos 2007-2009. Premio Estatal de Poesía Jorge Lara 2005. Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio 2005 del Patronato Pro Historia Peninsular (PROHISPEN). Premio Nacional de Poesía Charles Bukowski 2008. Premio Nacional de Poesía Francisco Javier Estrada 2008. Ganadora del torneo de poesía VersoDestierro 2009. Libro de poesía 2006 Itinerario del agonizante por el Ayuntamiento de Mérida. Segunda edición Y el estado de sitio por la Catarsis Literaria el Drenaje y el Ayuntamiento de Mérida 2011.

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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Andrés Mir: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Andrés Mir
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niveles de autoexégesis
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todos los niños que perecieron en mis guerras internas

respondían a mi propio nombre. algunos, los más traviesos,

escalaban al concepto de la ausencia, demiurgos solitarios

en la timidez y la torpeza (pecados menos graves en cuanto a hermandad se refiera

que la estrechez de sinceridad.) pobres mis niños muertos

cuyos epitafios tallo en hueso, cuyas tumbas devoro haciéndome el sutil, el esperanzado.

ellos no tenían la culpa, yo tampoco. nadie era el responsable

de las ejecuciones masivas que a la fe ponían coto.

los nobles días

huían tijereteados por las manecillas del reloj. la mar

nos alejaba del sol quebrado en la imposible quietud.

bajábamos todos a la costa, borrachos, de madrugada,

hacíamos duelos de arena, todo el aire posado

sobre el torturante puente del diafragma.

benditos los matorrales que olían a impaciencia. maldita la impaciencia

de tanto prohibirnos el hecho de la estancia.

las manos, húmedas y vivas las manos. cuán rápido pasaron.

es así que la sombra gira. de nuevo es medianoche,

soy el poeta del silencio, el incurable impaciente que no aprende de una vez por todas

que la hierba adquiere propiedades de navaja tras la lluvia,

que las píldoras para el asma activan la micción,

que al quedarme solo únicamente la continuidad acompaña.


es demasiado el tiempo (oh grave concepto) extraviado.

de los niños

queda uno, sobrio y apartado.

yo.
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antropologético
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de mi propio cadáver me alimento y por las partes blandas

rompo la carne tumefacta, dócil, desgarrando

intemporáneos gerundios de mi arcaica hechura.

no es autofagia, qué va, por las pacientes cuencas

ahora penetro a las oscuras vísceras y camino -es decir-

vías contrarias (de afuera hacia adentro, como si fueran aguas

adueñarse del navío naufragante) en tránsito irredento

hacia mi otro nacimiento de esta muerte.

saltan la mano y su vendimia hacia el futuro vino,

cambia el sol la máscara de fechas, caen las hojas

de calendarios y frutales, hablo de éxodos y en la distancia

el peso

hunde la carcasa crujiente del tórax imposible

de un imposible ser humano en imposible país e imposible tiempo.

el abuso

tiene oportunidad en el brocal de lo oportuno. lo común

es recluirse en la muerte de su altura. da capo.

en fin, o en comienzo -qué más da- la moraleja

fue disfrazada por Hegel de dialéctica, el buitre -no buho ya- de Minerva

sale a volar en el crepúsculo de esta historia.
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recinto del tórax
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Sudan sobre la tierra los vapores demoníacos del ajenjo,

álguien le puso punto y aparte a todos los testimonios,

el viento marcial se incrusta, pegajoso, en los craterados ojos

de las paredes. Quiero respirar, al menos un sorbo matutino

que humedezca mis labios con su olor a hierba segada

despidiendo una tormenta. Quiero

no pedir más permiso para la vida, si ya no soy deudor,

se derriten las persianas de acuarela

como si al reloj, al único gran reloj del universo,

le hubiese saltado la cuerda de pronto. Los que vivieron antes

tuvieron derecho a toda la hierba que supieron recoger,

la mia no me la paga nadie, su laberinto

ya no me atrapa el sol con las raices nobles.

la han segado toda, llevado la lluvia y los minerales,

me robaron el paisaje de la sonrisa

con tanto deseo

en la frontera del pecho.
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AMir en Efory Atocha, Aquí

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