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martes, 15 de marzo de 2011

Odette Alonso: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Odette Alonso
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Tardes del asteroide

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A Soleida
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Bajo el cielo de nubes

sobre el tapiz de caña

esa moneda augura la suerte del viajero.

Cae la gota de sudor

sobre la página del libro

donde tu mano descansa y profetiza.

La calle se desliza interminable hacia la noche

pétalo de jazmín en el calambre de la taza.

Allí donde tu dedo

hay una vieja mancha

un arbusto cortado de raíz

una punzada.

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Sierpes
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Leyendo a Jacqueline
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A ningún lado

camino a ningún lado

un sofoco antecede a cada paso

una olla de agua hirviendo en el lugar del corazón.

Ella se acerca serpenteando

encadena su cuerpo alrededor del tallo

muerde la flor que sangra.

Sangran también mis pies sobre ese fuego

un paso que adelante

es un paso más cerca del final.

¿Y al final qué me espera?

Una serpiente enredada en el alero

una lengua de fuego marcándome la piel

una olla de agua hirviendo en la que flota un corazón.

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Bajo la luz extraña
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Amanecen

sobre el lomo de la noche

esas posadas donde somos tránsito

parada apenas generosa

luz convocando a la luz.

Las ciudades se hacen una ante mis ojos

Tegucigalpa Madrid Santo Domingo

La Habana Barcelona Coral Gable

Nueva York.

Calles que caminé con otros

bajo la luz extraña de esas tierras

sendas adoquinadas y monolitos góticos

herrería colonial o posmoderna

el mismo paisaje siempre.

Amanece

y hay un rastro que no brilla

un amor que se va

una esperanza que se pudre

o que florece

en la luz que mortecina se hace día.
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Estos poemas pertenecen a la antología, "Bajo esa luz extraña", que será publicada en este año en la Colección Atocha de Literatura Hispanoamericana de Efory Atocha ediciones.
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OAlonso en Efory Atocha, Aquí.
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martes, 15 de septiembre de 2009

Odette Alonso: "Para buscar al dios de los poetas" Especial sobre Osvaldo Navarro

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PARA BUSCAR AL DIOS DE LOS POETAS



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----Por Odette Alonso -




El teléfono sonó antes de que el sol pensara asomarse. Era mi compatriota Carlos Olivares Baró con la noticia infausta, totalmente inesperada: Osvaldo había partido en busca del dios de los poetas. Todos los cantos sonaron al unísono.

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“La vida es más breve si se evoca”, dice uno de los versos que Osvaldo Navarro (Santo Domingo, Cuba, 1947-Ciudad de México, 2008) seleccionó antes del viaje, para deleitarnos ahora con esta selección de poemas que bajo el título de Melodías de amor nos entrega el Instituto Politécnico Nacional. Pero evocar la vida de un poeta como Osvaldo Navarro, enorme en el parnaso cubano del pasado siglo, es, dicho a su modo, “como un arco iris que nos llama/ constantemente al horizonte”.

Pensador excepcional, editor, maestro, cubano desde el fondo de su alma y hacia todos los confines, Osvaldo nos deja una obra sólida, perdurable. Pero nos deja, sobre todo, su presencia, el privilegio incaducable de su amistad y el exquisito lirismo de su poesía.

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Para él, la muerte nunca fue una extraña. Es constante su presencia en estos versos porque muerte y amor, amor y muerte, son la argamasa con que se funda la vida. “Arduo ha sido el tiempo de las sombras” y el “horror al vacío”. Hasta “Dios era un pan apagado”. Así lo consignan los versos del poeta: “Ni siquiera las aves/ marcaban otro rumbo que no fuera la noche”.

Osvaldo formó parte de una generación que, jubilosa, entregó la vida a un ideal que se le fue pudriendo ante los ojos. No hay poema que lo exprese mejor, ni siquiera aquella cuarteta que dice:

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¿Quién pudiera olvidarse del gobierno

y del duro deber y del camino

para darse a tus ojos como al vino,

a la música, al beso y a lo eterno?

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como este soneto que, no en balde, tituló “Catarsis” y que es, quizás, el más completo resumen de su vida:

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Como el héroe del griego fui divino

y salté de la historia al escenario.

Me embriagué en el amor, tuve adversario,

y tañía mi lira al pie del vino.

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La embriaguez fue total, en el camino

mi espada fue sostén de un ideario.

Y sólo la Atenea de ojo vario

vio la equivocación de mi destino.

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El amor me dejó sin argumento

y el taimado adversario, tan violento,

clavó en mi corazón su daga de oro.

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Si no es posible el arrepentimiento,

y no hay en la tragedia extrañamiento,

mi propia muerte, como el griego, lloro.

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Pero todo esto (el dolor, la frustración, las pérdidas) ocurre en el mismísimo “enjambre de la vida” donde el poeta siente, también, el límpido aguacero aclarándole el alma; el alma llena de música de mar. En el mismo espacio en que cantó al amor, esa divina guerra, y en que pintó con versos:

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La belleza fue siempre una mujer callada

que se llamaba Helena, invento de aquel griego,

poeta el pobre hombre y por lo tanto ciego,

que en la piedra del alma nos la dejó tallada.

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A los ocasos siguieron renaceres y cantos de sirena, recuerdos tatuados en la piel y en la palabra, la mirada de un niño y una mujer con un halo de diosa. Y otros tiempos, también difíciles, porque cuáles no lo son para un poeta, para un hombre sencillo de la tierra con el alma hecha de flores y saltos de agua cristalina.

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Ahora al fin está (dicho sea a su manera) “en el lugar primero de toda la esperanza”, sereno como nunca, junto al dios de los poetas:

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Porque conmigo viajan los sinsontes,

y cantan con mi voz en la enramada

los nuevos tomeguines

que vienen de regreso de todas las tristezas.

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Aquella tarde del 8 de febrero, cuando entré al apartamento de la Condesa con Elena, su viuda, y la caja de madera con sus restos, Osvaldo todavía estaba allí, sentado en su silla frente a la computadora. Me saludó con la misma sonrisa sosegada con que ahora nos observa, tranquilo y luminoso, en paz. Con esa “mezcla simple de vida y de tristeza” que combinó en este libro póstumo y nos entregó como herencia. No en balde un libro de poesía amorosa, lleno de reminiscencias eternas. Porque un poeta no muere mientras viven sus versos, mientras siguen leyéndose y reinterpretándose sus cantos para refrendar, una vez más, que el dios de los poetas habita en la poesía, se asoma o se oculta entre los versos y desde allí nos manda señales, luces de ultramar para que sigamos el camino.

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Odette Alonso: Nació en Santiago de Cuba y reside en México desde 1992. Es poeta, narradora, ensayista y promotora literaria. Ha publicado un libro de relatos y nueve poemarios, entre ellos Insomnios en la noche del espejo, que obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” en 1999. Próximamente aparecerá su antología Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora, proyecto ganador de uno de los Premios 2003 de Cuban Artists Fund. Actualmente es editora de la Dirección General de Publicaciones de la UNAM.



jueves, 14 de mayo de 2009

Odette Alonso: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Odette Alonso Yodú

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Luz en la colina

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En la colina que remata el horizonte

hay una casa.

Sus tejas se recuestan sobre el verde

las ventanas oscuras

los pinos como agujas.

Soñamos con subir cada mañana

pero en la tarde la desdibuja el agua.

Después de la tormenta

un punto luminoso nos anuncia

que allí siguen los sueños

agazapados tras del manto de niebla

con que la cubre la noche

para que el sol la destape

cada día.

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En Buena hora

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Este dolor sin fin me llega en buena hora

cuando no tengo un pozo

donde volcar mi pena.

También mi corazón quiere lanzarse al río

saltar como una piedra sobre el acantilado

buscar el brillo de la noche en sus pupilas.

También cosió el silencio el hueco de mis labios

los besó una muchacha que no volvió jamás.

Su nombre era el rocío

el frescor de la menta

su mano un aletear de mariposas.

De espaldas

el espejo parece una estocada

una noche sin ojos.

En buena hora me llega este dolor.

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Libertad

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Por un momento me he sentido libre.

Planeaba sobre pueblos escarpados

y una mujer morena

ponía entre mis manos

una taza y un trozo de pan dulce.

Si alguna vez oí su voz junto a mi oído

fue diciendo estoy aquí para que tú me escribas

para ser tu papel.

En esos pueblos

una mujer cierra los ojos cada noche

deseándome.

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Odette Alonso nació en Santiago de Cuba en 1964. Su cuaderno Insomnios en la noche del espejo obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” 1999. Ha publicado varios poemarios; los más recientes en España: Cuando la lluvia cesa (Madrid, 2003) y El levísimo ruido de sus pasos (Barcelona, 2006). Odisea Editorial publicó en Madrid su libro de relatos Con la boca abierta (2006) y Quimera Ediciones su primera novela: Espejo de tres cuerpos (México, 2009). Radica en México desde 1992. Coordina el blog, Parque del Ajedrez

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Foto tomada de la web.


jueves, 16 de abril de 2009

Odette Alonso & Antonio Ponte

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A lo largo del día, Efory Atocha irá dando espacio a las respuestas de las 3 preguntas enviadas a diferentes artistas e intelectuales cubanos en el exilio. A demás de todos los nombres a los que hemos acudido.
Efory Atocha agradece la amabilidad y la participación de todos.

Las 3 preguntas: ¿Cuál opinión le merecen las nuevas medidas tomadas por el gobierno norteamericano con relación a Cuba?
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¿Estaría a favor de levantar el embargo? ¿Por qué?
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Antonio Ponte
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Perdido como estoy ahora mismo entre trenes y aviones, y de universidad en universidad, perdoname que no responda a tu encuesta. Ando corto de tiempo.
Abrazo y felicidades por tan buena idea,


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Odette Alonso
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Y sí puedes decir que estoy a favor de que se levante el bloqueo: sería el único modo de que en Cuba las culpas cayeran por fin en los verdaderos culpables.
Un beso grande y gracias por tenerme en cuenta



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