martes, 6 de septiembre de 2011

Margarita Vélez Verbel: poemas

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Tres poemas (inéditos) de Margarita Vélez Verbel
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Corazón
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No he ido a ningún sitio

He estado guardada en este trozo que es mi corazón

No he ido a lugar distinto ni he padecido sufrimiento distinto al de mi propia partida, al de mi propia llegada

No he tenido sed distinta a la de mi propia sed

Ni agua, ni respiro ni desazón que no me haya surcado aquí en mi centro.

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El pan
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En casa nada nos cobijaba

La soledad y la impotencia de tener que doblegarnos

Por un pan, por un techo

Solos e invisibles para el resto

Nuestro dolor era una decoración en el mundo de los adultos

Callados entre cuatro paredes

El silencio se cernía, la impunidad sobre nuestras

Vapuleadas vidas.

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Laura

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Yo que he sido Margarita

Que he nacido en este hueso y en ésta médula

Ya que he llorado de mi ojo por mi ojo, por mi herida

Que he sentido en la médula médula

Y en el dolor dolor y en los ojos la lágrima

Y en mi axila el sudor

Yo Margarita que he parido a Laura Alejandra

Yo que envejezco y muero

Le pido a Laura que con la gota de amor que de su infante humanidad reboza me arrulle como a una niña

Que e n su médula y en su columna vertebral me guarde y me perdone por haberle regalado mi temor y mi dicha

Por haber postergado mi humanidad en ella

Por haber sido la flor mientras ella será el ramo, la rama vigorosa del árbol

Ante ella mi aullido, mi voz, mi presente en esta línea, mi fracaso, los sueños buscados y no logrados

Mi pequeña Laura de ojos inmensos que me tiende la mano como un puente entre el pasado y el futuro

Entre el recuerdo y el porvenir

Mi voz llena de todas las voces

Mi arrullo a la hora de dormir, guárdame entre tu carne como yo te guardé nueve meses.

Flecha que lanzó al vacío

Coloca tu aire, beso, tus labios en mi frente


Y como la niña que vuelvo a ser por la gracia que con tu niñez me concedes, llévame a tu reino, guíame de nuevo al espíritu profundo de la niñez y la fantasía

De la libertad y la vida

Guárdame en tu axila

Y dentro de tu saliva

Para que tu madre vuelva, para que tu madre juegue de nuevo

Arrúllame


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MVVerbel en Efory Atocha, Aquí
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lunes, 5 de septiembre de 2011

Gabriel Zanetti: poemas

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Tres poemas inéditos de Gabriel Zanetti

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Amanecer en la plaza

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para Pedro Núñez

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Vaciar la última botella, caminar kilómetros sin avanzar

hasta llegar a la misma esquina, una casa

oscura por territorio, del otro lado la luz

acá la cordillera una puerta demasiado tiempo entreabierta

apenas se cuela un rayo cansado de viajar, aparece tarde

el sol para tapar los ojos con las manos, se calientan

los cerebros en la parada, la cerveza en la banca, las máquinas

moviendo sus piezas donde no caben, tornillos que no calzan

los ojos cerrándose en los asientos, se confunden

el humo volviéndose cielo con los pájaros condenados a volar

los insectos que mueren cantando la misma canción, como nosotros

no se aburren, los aspersores mojando el pasto, haciendo barro

nuestros pasos por los charcos cuando volvemos sin poder regresar.

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Vuelvo y no están

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La soledad que buscaba en la calle

se hace insoportable en casa.



En youtube una canción infantil con su última imagen

las cartas de la baraja roja están mordidas y mojadas

repartidas por el piso.



Suena el portón de entrada

no se escucha el coche bajar los escalones

ni tus botas golpear la cerámica.



Nunca dejan una nota

temo no volver a verlas sin que hayan dejado una.



Espero sólo hayas ido

a dar una vuelta a la manzana para hacerla dormir.



Se te olvidan las cosas

no fuiste al Quintanar como te pedí

a devolver el vaso de whiskey

que llegó conmigo anoche.



Está en tu escritorio

como mi retrato sin ustedes.

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Composición de ropa tendida para Claudia


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En la terraza del frente se estira un pentagrama

varias corridas de cuerdas azules, verdes

y blancas, no son perfectas sólo son

mejores que las nuestras; forros de cojines

de un sofá blanco –jamás podríamos

tener uno- las blancas, las negras los calzones negros

de quién suele asomarse por las mañanas.



Quisiera ponerle un nombre, la llamaré Claudia.

Ayer nos miramos, estaba en pijama con un vaso de leche

yo bebía vestido de la llave de agua, había dormido así

una paloma comía para disimular migas invisibles en su ventana

movía la cabeza hacia los lados, como a nosotros

una extraña fuerza la seducía a mirar el precipicio.



Antes de cerrar la persiana sonrió, toda edad

tiene su encanto, su miseria, supongo

le hacían gracia los calcetines guachos

las camisas manchadas secándose con el aire frío.



No debe haber visto las prendas que dibujan un cuerpo desbaratado

en el patio donde unos niños siguen jugando a esconderse

ahora del invierno, de su presencia.

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GZanetti en Efory Atocha, Aquí

Imagen tomada de la Web



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