- . Tres poemas (inéditos) de Francisco Jesús Muñoz Soler -
- - --CONTRA LA LUMINOSIDAD DEL CIELO - “Contra el cielo de aquella isla, contra sus ojos, más grandes y más pavorosos que el silencio. -DELFÍN PRATS - Contra la luminosidad del cielo todo él escrutador ojo de sentencia, se alzó la mirada que nada espera para evitar morir de tristeza. - Hiram del ambiente de posibilidad perversa animal salvaje entre palmas de obediencia esponja de mar de desesperación para evitar ahogarse en la tormenta. - Irreverente de la educada y falsaria noche donde la luna se tiznó de crespones de ocaso, abertura del corrosivo vomito de espanto donde pacieron los más variados pájaros. - Declamador de brasas de paciencia sustentador de paisajes inefables de los más bellos y perfumados aires de constelaciones abiertas e inmensas. - Donde amanece la soledad más plena estoica adalid de los perdedores del transido mundo de espera donde caimanes devoras silencios. - Vencedor de la fatalidad última hija del determinismo estricto misero recuerdo de cómplices furias que sepulta mientras en la radio se deleita con Tributo a Arsenio - “Calla como yo callo mis sentimientos frena como yo freno mi decepción ponle rienda suelta al corazón enséñale a ocultar sus amarguras…” - - ---AL SALIR DEL TÚNEL DE LA HABANA - Al salir del túnel de La Habana en dirección a las Playas del Este desembocas en una autopista rodeada de un verde intenso y bello que acciona como dientes en las pupilas de los neófitos viajeros, el paisaje tiene una personalidad deslumbrante al margen la peculiaridad de las luces que en forma de aspas adornan la mediana repletas de bellas retamas de matas, inundado de formidable belleza llegas a la ciudad dormitorio de Alamar un conjunto urbanístico impropio de la exuberante riqueza del entorno, la construcción primera y sus ampliaciones muestra una impersonalidad dolorosamente ajena a las gentes que pasean por sus insalubres calles, bullanguera, trabajadora, inventora, resignada así son las gentes de esa parte de La Habana todos tienen una mirada lontana te miran de cerca pero sus córneas traspasan, traspasan espacio y tiempo están más allá que su corpóreo sustento, son formaciones de deseos y frustraciones la ausencia de un hijo, el inquietante futuro de otro, del mañana descontado en los años que les quedan, miradas bañadas en una humedad de antaño que les pesa como un estigma sin aparente solución. - - ---------ALAMAR - En el extremo este de la gran señora del trópico rodeado de deslumbrantes tesoros naturales se halla un laberíntico e inhóspito crisol, entre roquedales, espumas y brisas de aromas y un perfumado e intenso verde enamorado, Alamar resplandor de espejos quebrados de arterias sin centro de mares sin sirenas, erial de asombros de perfiles girados germen de mixtura autóctona de estrellas, árido escenario de alumbramiento poético. - - Sobre Francisco Jesús Muñoz Soler, Aquí.
Si con Art Bembé, el disco anterior de Pavel y Gema (Peer-Bangan, 2003), su música llegaba a conquistar el máximo de posibilidades orquestales, alcanzaba la plenitud de ese barroco mestizaje que les caracteriza mediante una lógica de agregaciones sonoras y un modus operandi que pasaba por un considerable volumen de colaboraciones y de tracks recordings; con su nuevo CD titulado DESNUDOS, ambos vuelven a conseguir el mismo prodigio, la misma contundencia, la misma e impactante totalidad recorriendo esta vez el camino inverso, sustrayéndose más bien a toda agitación orquestal y al andamiaje polifónico que lucen sus propuestas anteriores para reencontrarse a corta distancia con su canción. Para quienes hemos seguido el itinerario de cada disco suyo, si bien observamos que algunas canciones han sido grabadas tal y como fueron compuestas, con el único acompañamiento de la guitarra, buena parte de aquellas han sido producidas y orquestadas en un cuidadoso juego de sonoridades acústicas y electrónicas, buscando tal vez el equilibrio perfecto entre el arte de trovar y el arte de orquestar. Sin embargo DESNUDOS es un punto de giro en su recorrido discográfico. Con esta nueva entrega es evidente que el dúo vuelve de manera radical a su matriz primigenia, a los fundamentos iniciáticos y básicos del trovar, a su arquitectura mínima y más íntima; sin atrezzos, sin más protagonistas que sus voces, la guitarra y la canción como epicentro de una actitud que encuentra en el Fílin su potens. Uno recuerda la metamorfosis del toro que realiza Picasso en el que todo el espesor de su morfología termina en una sencilla armazón de líneas, curvas y punto. Es precisamente ese efecto de simplificación el que consiguen Gema y Pavel con este disco, mostrarnos el summum de sus sentimientos y de su arte poética, confirmar lo que mi querido Eliseo Cardona dice sobre lo aprendido del arte de Gerry Mulligan: “la riqueza de las formas está en la sencillez”. En ese sentido este nuevo trabajo es más una catarsis que otra conjetura orquestal; tiene más de exorcismo que de ensayo, es más una rotunda sacudida del alma que otra tentativa de especulación sonora pues, aunque despliega un mínimo de recursos garantiza eso sí, un máximo de emociones; de ahí que más que provocar asombro, este disco conmueva y vaya strike y directo al pecho.
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Filin Progresivo
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Puede que además de un brillante capítulo de síntesis, DESNUDOS sea también una suerte de master class que ambos nos ofrecen sobre el arte de trovar con Fílin es decir, con sentimiento o lo que es lo mismo, con libertad para que la pasión fluya sin límites y se exprese sin fórmulas preconcebidas, patrones rígidos o calculadas estrategias de marketing; si de algo puede presumir su música es precisamente de su íntegra y apasionada libertad expresiva. De ahí que estemos hablando de un Filin que se oxigena y robustece con las influencias diversas que han asimilado en estos años de andaduras y reflexiones, de vivencias y encuentros culturales múltiples que han ido alimentando y dando forma al corpus de su canción e innovando así esta particular manera de entender el arte de trovar criollo. A mi modo de ver, este carácter progresivo que actualiza el sonido Filin_ entendido como un acto de fecundidad y enriquecimiento del mismo_ esel resultado de una actitud abierta y receptiva a los cantos y ritmos del mundo, un proceso orgánico de convergencias y atracciones que encuentra en el flamenco, en la bossa nova, en el jazz, el soul, el hip hop así como en las cadencias, ritmos criollos y afrocubanos sobre todo, las fuentes que lo vertebran y lo hacen original, único. No es ocioso observar cómo, en pleno apogeo del a veces doctrinario e ideologizante sonido Nueva Trova, ambos consiguieron conectar con la estética de una corriente que, convenientemente había sido reemplazada por el sonido y la lírica que ofrecía aquel movimiento. Ellos dirigieron su atención, focalizaron su escucha en un momento singular de la canción insular que _ a diferencia del sonido que caracterizaba al movimiento nueva trova_contenía la cadencia y la plasticidad melódica de la trova tradicional, la riqueza armónica y sentido de las variaciones e improvisación del jazz así como un gran influjo impresionista. De este modo asumieron una manera de tocar la guitarra, de cantar, armonizar y tratar los versos que encontró en Marta Valdés su modelo más inspirador y principal referencia.
En un gesto de madurez creativa y conceptual, DESNUDOS nos propone la quinta esencia de su arte, la piedra filosofal portadora de sus claves estéticas. Quién conozca y entienda el espíritu del Filin podrá distinguir claramente las aportaciones significativas del dúo a esta corriente y por tanto podrá comprender el significado del adjetivo progresivo; un adjetivo que al mismo tiempo que devela una apertura de sus horizontes, devela asimismo autoconciencia en torno al hecho artístico, voluntad por pensar la obra y caracterizarla en un gesto que se me antoja didáctico es decir, que busca hacer inteligibles y descifrables los “misterios” del quehacer de dos virtuosos en pleno dominio de su arte, en la cumbre de su goce creativo.
Aunque la estética del dúo es un continuum que cristaliza en cada CD y atraviesa toda su obra, es con el desafío que representa DESNUDOS donde conquista su categoría definitiva, donde certifica su monumental clase; justo un disco sin más alarde que la habitual sinceridad y excelencia de ambos y por eso mismo, un disco artesanal y delirante, sin fisuras. Pocos pueden hacer un strip tease así y salir airosos, muy pocos pueden convertir una canción en una sinfonía, unos versos en todo un tratado poético.
No exagero si afirmo que el Filin se reencuentra a sí mismo, reconoce sus pulsaciones más hondas y vitales con este disco, tampoco me excedo si afirmo que con la obra de Pavel y Gema el Filin recupera todo su esplendor y encanto más allá de la clásica colección de canciones cincuentenarias que un día ubicaron a este movimiento en el mapa de la música universal. En tiempos de eufemismos globales, en que al fraude, la estafa le llaman “crisis”, nada mejor que este disco para encontrarse con un sorbo de lo más sorprendente y fascinante de la vida, su rostro más iluminado y esperanzador, nada mejor que paladear alguno de los mejores boleros contemporáneos y de las mejores canciones compuestas en nuestro idioma, interpretadas por dos de los grandes creadores de nuestro tiempo. Cuando se examine el mapa de la música cubana y universal, posiblemente uno de los capítulos más apasionantes, una de las páginas más fecundas e intensas las habrá escrito sin ninguna duda este excelente dúo que, al desnudarse no han hecho más que abrigarnos, atraparnos en las redes de su amor y su propia redención.
- Dos poemas (inéditos) de María Elena Cruz Varela - -
Negociación estéril
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-----------------------Para Arnaldo Ramírez
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Puede que aún quede alguien sobre quien no haya escrito.
Puede que exista algo sin nombrar, enorme o diminuto.
Puede que se me escurra su esencia entre los sueños y las palabras todas,
vencidas y enlodadas, se resisten a entrar en la botella.
No quieren ser bebidas las palabras. No quieren ser mascadas, ni escupidas
Ni entrar en digestión, ni ser purificadas.
No obedecen al orden locuaz de mis tijeras. No quieren ser cortadas. No quieren ser cosidas. Rebeldes, las palabras no obedecen a nadie. No responden a nada.
Las seduzco mostrándoles la aureola de mis pechos, el fervoroso anhelo de albergarlas. Pero ellas quieren más. Negociadoras, hábiles, calibran el tesón de mis orejas, la nariz enjaulada, la zanja de mi boca, las grietas de mi abdomen. La punta de una lanza vulnerando el costado. El clítoris. La vulva palpitante y el cráter solitario que expulsara a los hijos y también a sus hijos. Los hijos de los hijos.
Pongo sobre la mesa las copas de mal vino, la cebolla, el cordero y el curri del árabe vecino que golpea a su mujer. Les muestro la cabeza del casero iracundo, su martillo infectado por la testosterona. Las manchas de humedad en las paredes. El polvo que atenúa todas las estaciones. Los dedos pastoreando las letras saltarinas.
El nombre de mi amigo. El ¿ de mis enemigos. Las fechas olvidadas. Los castigos. Entrego con pudor el óxido que aflige los sórdidos barrotes de mi cárcel y esta oración oculta:
-No apartes todavía mis pasos del camino. Ni dejes de pasearte, mi cuerpo en bandolera.
Te regalo los clavos. La corona de espinas. La huella del testigo. Los granitos de arroz para engañar al pájaro. La llave de la luz.
Los códigos secretos de mi sangre. El vacío cifrado más allá de mi frente y el mortal esplendor de las coronas.
Hieráticas. Difíciles. Las palabras planean sobre mi exhausto mundo. No quieren ser nombradas. No quieren ser oídas. No quieren trepidar en los fosforescentes hipocampos. Ni ser piedras abultando bolsillos. Ni zapatos vacíos meciéndose en las olas.
Difíciles. Hieráticas. Totales. Las palabras se esfuman temblorosas
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Nocturno con premeditación y alevosía
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-----------------------A Pascual Cruz Varela
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Señoras y señores:
Ahora que en el reloj se acaba de ausentar la medianoche, he de hacer un discurso.
Debo hablar de mi padre.
Sí, trazar un argumento y posponer un brindis por su melancolía.
Por su fea costumbre de andárseme escondiendo, sentándose a llorar en los aguacateros,
madurando los frutos con los hilillos acres de su llanto de pobre niño huérfano. Calándome la rabia entre los huesos y este sabor a sal y esta impotencia.
No. No digas nada. Soy yo quien voy a hablar. Éste es mi turno. No mires a otro lado ni vuelvas a ponerles dogal a las palomas.
Te fuiste tú primero. Abandonaste el juego dejándome en el patio, con los ojos vendados y un rosario de cuentas malamente ensartadas.
Te pedí que esperaras y no me hiciste caso.
Así es que, ahora te callas tú y escucha simplemente mi alarido, porque estoy muy cansada, sabes, de soportar tu ausencia tan igual a un reproche. Te pedí que esperaras y era partir las culpas en todas las porciones necesarias.
Yo sola no podía atravesar el limbo, decorar las estancias y cargar con el peso de las constelaciones. Te pedí que esperaras.
Pero era demasiado. Nunca llegué. Y si llegué, no estabas Permanecí en silencio dando la otra mejilla, pero era demasiado.
Ahora lo digo todo. Ven. Apoya la certeza sobre la blanda nube de mi almohada.
Se acabó. Sí. Con la punta del dedo trazo un leve dibujo sobre las duras líneas de todas las espaldas.
Se acabó. Ya se han marchado todos. No hay más voces, ni ruidos.
A tu esfera celeste no hay música que valga. No hay cuerpos derramando su jugo en los jardines. Todos se han ido ya.
Se los tragó la noche por esa mueca abierta de su boca macabra. Ya todo terminó. Deja de revolcarte en la ceniza. Deja de hacer el tonto. Es el final. Contra la indiferencia no hay discursos que valgan. Inútil transferir los argumentos.
Los que no se despiden sólo quieren dejarnos girones de memoria y un gusto a salazón, a alevosía. A deshechos nocturnos. A superficie ingrávida. Quise hablar de mi padre. De su ausencia perpetua. De su nariz ganchuda, su pálida sonrisa y el corazón tan gris de su retrato.
La mano tiernamente metida en el bolsillo de ese señor extraño es un aviso. Una cita pospuesta. Otra calamidad.
Deja ya de mecerte en la cuerda del ahorcado. Deja de maquillarte. Pórtate bien. Cuida las apariencias.
Pero ese no eres tú. Ni esas son tus palabras. No sé dónde escondimos el cinturón de cuero, ni el ciruelo del patio, ni el cantero de adelfas está para llorarnos. Deja ya de joder con acertijos y deja de burlarte de mi espanto.
Yo no tengo la culpa de que tan sólo fueras el padre mi carne tan igual a la carne que algún día marchará tras la tuya. Ven. Dejaré que mis muertos entierren a tus muertos mientras salvo la vida. ¿No ves que se acabó? No puedo acompañarte en este largo oficio de difuntos. Óyeme bien: es demasiado tarde y no puedo volver.
Es hora que renuncies a las escaramuzas.
Pasó la medianoche de este tiempo de brujas. ¿Es que no te das cuenta de que he crecido tanto, que hasta puedo soltarle un dulce parlamento a las estrellas?
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Otras colaboraciones de María Elena Cruz Varela, Aquí. Sobre María Elena Cruz Varela, Aquí.